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Ulahy Beltrán | Médicos, maniatados

Ulahy Beltrán López, colaborador.
Ulahy Beltrán López, colaborador.

Médicos, maniatados

Hace unos días escuché algunas vivencias laborales de una de mis estudiantes de postgrado de Gerencia de Servicios de Salud y quien es médica de profesión. Me comentaba que ejercer como médico de consulta externa de una aseguradora de servicios de salud, sea del régimen contributivo o del subsidiado, cada vez se hace más difícil.

Según esta profesional de la medicina, las dificultades se inician con no poder ordenarle a un paciente todos los exámenes paraclínicos que deben hacerse, de acuerdo con lo que ella aprendió en la universidad en su proceso de pregrado, y que se requieren para poder confirmar o descartar un diagnóstico; continúan con la imposibilidad de formular los medicamentos que ella aprendió debían prescribirse ante unos signos y síntomas del paciente que, al relacionarlos con unos exámenes diagnósticos, la llevaban a tener claridad con respecto a qué enfermedad debía tratar.

Los médicos generales, que en algunas entidades los denominan médicos “familiares” pero que en la práctica distan mucho de ser precisamente eso, también tienen que enfrentarse a otro problema: la restricción que se les pone para poder remitir los pacientes a los médicos especialistas, cuando claramente la complejidad de los problemas de salud del paciente superan la capacidad resolutiva de los médicos generales.

Según comentaba la médica de esta historia, ahora existe el llamado médico “validador”, que es el médico que además de negar la remisión al especialista, hace la “sugerencia” de comentar esos casos en una reunión que se hace en la aseguradora cada mes entre los médicos generales y los especialistas, para evaluar si se requieren estudios complementarios para estos pacientes, lo que en últimas significa dilatar aún más el tiempo para autorizar dichas remisiones .

Una vez persuadidos los médicos con respecto a cuáles y cuántos exámenes diagnósticos pueden ordenar a un paciente, a cuáles y cuántos medicamentos pueden formularle, y a cuántas remisiones a médicos especialistas pueden generar por pacientes vistos en la consulta, estos médicos generales se enfrentan a un proceso que se puede traducir en un llamado de atención de parte de la empleadora del médico, o, si es repetitivo ese llamado, les puede significar su desvinculación laboral o la pérdida de su trabajo.

Ese llamado de atención se produce cuando el valor de los exámenes y ayudas diagnósticas, así como el de los medicamentos y el número de remisiones, supera el estricto presupuesto que ha estipulado la aseguradora puede “gastarse” cada médico general en el período a evaluar.

Continuando con su relato, la médica informó que ese tipo de ejercicio profesional, que al evaluarse no tiene en cuenta la satisfacción del usuario, la calidad de la atención ni la pertinencia de las decisiones médicas, sean diagnósticas o terapéuticas, resulta muy estresante y se vive en un permanente estado de tensión, que se ve reflejado en las enfermedades laborales que están padeciendo estos médicos y que están siendo cada vez más frecuentes entre los profesionales de la medicina en nuestro país.

La triste conclusión es que con médicos así, maniatados, que en sus espacios laborales los hacen modificar los conocimientos aprendidos en la universidad durante su formación como profesionales, y además con la amenaza de perder el trabajo si no son obedientes a los direccionamientos de sus empleadoras, es muy difícil que en Colombia los pacientes puedan recibir el servicio de salud que ameritan y que requieren, ¿o no?

Ulahy Beltrán López, ubeltran@hotmail.com, @ulahybelpez

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