»
Inicio > Columnistas > Nicolás Contreras | Dos años después

Nicolás Contreras | Dos años después

Nicolás Contreras Hernández, colaborador.
Nicolás Contreras Hernández, colaborador.

Hoy, cinco de marzo,  hace dos años se nos fue Chávez. Y todos los hombres independentistas, todos los hombres y mujeres como mis ancestros vivos, mi tía Francisca, mi tío Jesús María Hernández Julio,  mis hermanos biológicos Bernardo y María Bernarda, sentimos como que sí se nos hubiera muerto un familiar querido. Muchos ignorantes que recitan como loros a Caracol y RCN…

A toda esa basura, como es de esperar en miserables que ofenderían a un paramecio, como la despreciable esclava de la casa Michelle Malkin, la periodista Tío Tom de USA que me averguenza sea de mi biotipo,  festejaron solazándose en su ignorancia de lacayos de tiempo completo, que aplauden al sistema tirano que los oprime.

El día de su velatorio por TV, con el alma compungida, mientras Cristóbal Jiménez con la entereza proverbial del llanero que sabe que su amigo iba para un mundo mejor, le cantaba Poesía, Copla y Sabana y mi alma se partió en llanto, cuando miré los rostros de Zulay Farías y Darío Vivas, el Darío que lo acompañó con Iris Varela, Ana Eliza Osorio y Yordani – hoy en rebelión peligrosa – hasta el último minuto, antes de su secuestro, por los fascistas aplaudidos por los hampones multimillonarios aquel 11 de abril de 2002, cuando empecé a conocer la verdad, gracias a un vecino de mi barrio Santo Domigno de Guzmán en Barranquilla, que tenía una tía chavista que lo tuvo al tanto de lo que pasaba en contravía del veneno mediático, ese día comenzaba a despertar de esa matrix.

Por eso a las primeras horas del 14 de abril de ese año, Richard que así se llama mi vecino, cuando comenzó a ver caer el golpe, se mandó las cajas de cerveza más sabrosa de mi vida…Al fin aparecía el hombre que pensamos que jamás iba a llegar, luego de ver caer el muro de Berlín y la URSS y la revolución sandinista.

Me conmovió en ese momento, mirar los rostros de Mahmoud Ahmadineyad, Luckasenko, hombres revolucionarios y combatientes, que se olvidaron del protocolo y la hombría machista proverbial y viniendo de dos culturas distintas, el uno de la República Islámica de Irán, de cuya revolución fue protagonista, y el otro de la Bielorrusia más clásica y añeja, ambos mandaron al carajo el pacato protocolo y en ese momento, dejaron aflorar las lágrimas y abrazaron a Helena Frías, porque Chávez tuvo la pureza de esa sinceridad que traspasa los impedimentos mundanos y nos hace recordar que somos ante todo seres humanos.

Por eso esos dos luchadores, abrazaron a la madre de Chávez, mandaron como al carajo el ALCA de cada radicalidad machista y del extremismo cultural, porque sabían que en política difícilmente se encontrarían a un alma tan pura, a un ser de luz, capaz de perdonar a sus enemigos de corazón.

A Luckashenko y a Ahmadineyad, los crucificaron sus enemigos políticos en nombre de la miserableza humana de los escuálidos de todos los colores y estupideces más supinas, pero sé que esos dos hombres rompieron el protocolo de corazón, no como el príncipito de la monarquía espuria de España que hizo una guardia de honor, por un zambo hijo de quienes en los llanos les patearon el trasero a las tropas de la majestad de él en el siglo XIX.

Le debió salir por la culata el placer de ver muerto al hombre que supo ese día que jamás podría morir, porque había quedado para la historia: había enseñado como todo redentor de algo, que los gringos y los imperios, jamás son invencibles, tienen su momento, sí hay voluntad y paciencia. Por eso pagó su osadía con su vida, como Toussaint, Spartako, Makandal o Hatuey.

Mi esposa que ya me conoce consoló mi llanto esa noche, y justo en ese momento recordé a Zulay Farías y Astrid Coronado, porque estando distantes en el espacio, pues una estaba en Caracas y la otra en Barranquilla, pero cercanas en el sentimiento del más rabioso indepedentismo a flor de piel, lloraban junto conmigo y millones más alrededor del mundo, al zambo más importante después de José Prudencio Padilla en la historia de Abyayala. Aunque Chávez se inspiró en Bolívar, fue una mezcla de Padilla y Toussaint L’Ouverture.

Hoy les comparto esta compilación (Hay muchos contrarrevolucionarios enquistados) de Zulay Farías, recuerdo su llanto de hija predilecta, también con llanto en mis ojos. Sí me muero en cualquier momento, me iré feliz y le daré gracias a Dios, por haber vivido en los tiempos de Hugo Chávez y aunque no lo pude saludar personalmente, me siento feliz de ser uno de sus soldados hasta el último aliento, desde estas trincheras del ciberespacio, en estos momentos agobiado por tantas carencias y exceso de trabajo, viendo como se me va de las manos otra vez por falta de tiempo, la posibilidad de estudiar una maestría. ¡Qué viva Chávez carajo¡ ¡Que viva el cimarronaje independentista¡

Nicolás Contreras Hernández, makromokamboniko@gmail.com
Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmail

Deja un comentario

Top