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Modelo económico de la «mula al avión» | Rodrigo Ramírez Pérez

Rodrigo Ramírez, director de contenidos.
Rodrigo Ramírez Pérez, director de contenidos.

El modelo económico sustentado en el pensamiento de la política ramplona y coyuntural, para no ser tan peyorativo y dejar de llamarla politiquería, es y ha sido la génesis de las crisis que difícilmente puede conciliar una acertada solución a las problemáticas que frecuentemente experimentamos en Colombia.

Actualmente, se completan 38 días de paro camionero, primero fue el agrario, y en medio de estas dos crisis, toda la incertidumbre que generan las emboscadas de los amigos de la guerra al proceso de paz con las Farc, estos momentos han permitiendo una recesión económica en el país, que hasta ahora no es grave, sin embargo, ya está llevando al traste a quienes se dedican a trabajar con honestidad, pues estamos en un escenario nada confiable para hacer negocios legales.

Lo anterior es una postura fatalista, sin ser un especialista en temas económicos, esa es la sensación que se oye y recoge de quienes mueven el comercio formal, y es la síntesis de los indicadores económicos de los últimos meses que muestran alarmantes cifras en materia de inflación y desempleo.

Voy a contextualizar muy generalmente el panorama de las fases históricas del transporte de carga en Colombia, y lo dimensionaré desde Cartagena de Indias. En los tiempos coloniales y la primera República, gran parte la carga se movía por intermedio de burros, mulos, caballos y bueyes de manera terrestre; mientras que, por los ríos y mares eran las naves fluviales y marítimas la que complementaban el mercantilismo; luego vino el férreo, después el camionero y finalmente el aéreo.

En todos los rincones del mundo los anteriores sistemas de transporte fueron y son los que mueven la carga, y así, generan progreso, desarrollo y estabilidad económica en muchas naciones. Sin embargo, en nuestro país sus procesos lógicos y multimodales de articulación han reñido por múltiples factores, entre ellos, la ilegalidad manifestada en el lavado de activos con dineros del narcotráfico y otras actividades delincuenciales, por ello, hoy un paro camionero ponen en apuros la economía del país. (Leer: ¿Por qué la crisis camionera?)

En el Siglo XIX Colombia puso en marcha, como en muchas parte del mundo, el sistema férreo, pero no lo irrigó por todo el territorio nacional, y en algunas zonas que se implementó, como es el caso de Cartagena de Indias, que tuvo su línea de ferrocarril con Calamar, fue desmontado después de 57 años de actividades. (Leer: Tiempos del Ferrocarril)

Factores como la navegabilidad por el Canal del Dique que estuvo un buen auge para las flotas fluviales, pero lamentablemente ya no es igual; el crecimiento del movimiento de la carga entre Bocas de Cenizas (puerto marítimo de Barranquilla) por el Río Magdalena hacia el interior del país, hoy por hoy no es el gran puerto; más la pujante industria camionera desde los años 30 hasta los 90 del Siglo XX permitieron que los procesos masivos de la carga perdieran un gran aliado, el férreo.

Entre las primeras líneas en desaparecer fue la de Cartagena – Calamar, que se le dio santa sepultura en 1951, una de las grandes obras de infraestructura del cartagenero Rafael Núñez; imaginemos la pujanza de la ciudad, su desarrollo y su distribución equitativa de la riqueza si este sistema de transporte fuera vigente en estos tiempos de TLC, globalización y competitividad de las economías.

Si la política ramplona y coyuntural que siempre ha gobernado en el país, estuviera compuesta de gente visionaria, el sistema férreo, hoy fuera sin duda una gran pieza para el movimiento de la carga, y el camionero estuviera lejos de poner al Estado en apuros.

Además, ahora en una postura post-optimista de mi parte: “En estos tiempos de TLC, globalización, de competitividad, de gran infraestructura tuviéramos un modelo económico estándar de países desarrollados; fuera nula la expresión común que frecuentemente se les oye a los políticos de turnos: ‘Somos un Estado en Desarrollo’. Para negar la verdad, vivimos en el subdesarrollo.

Sin embargo, evitemos el pesimismo y sigamos argumentando con optimismo en este plano hipotético, pues, se nos llenara la boca con la grata tesis de decir: vivimos en una sociedad equitativa”. Lamentablemente, la triste realidad nos conduce a justificar que las equivocaciones políticas recurrentes de los politiqueros de turno, sólo sirve para sustentar que pasamos de la mula al avión.

Rodrigo Ramírez Pérez, director@vamosaandar.com

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