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Las religiones | René Arrieta

Discurso contra las religiones 

                            ¿Qué bien te reporta ir andando a Jerusalén, si dentro de tu alma tienes a Sodoma, Egipto y Babilonia?

                                                                                                                                             Erasmo de Rotterdam. El Enquiridión.

Este discurso pretende dar luz sobre la esencia de las religiones y la desviación en la que cayeron desde los tiempos en que los iniciadores de ellas soportaron los principios en los que se sostienen, hasta llegar al punto en el que cayeron en un estado de decadencia por la propensión de sus guías y líderes al materialismo rampante.

El gran iniciador de la civilización actual, que hace que la Humanidad pase de su estado salvaje a un estado civilizado, es Hermes Trismegisto; quien cumplía el encargo de misión divina de preservar los registros del conocimiento atlante y entregarlo a la nueva raza indoeuropea y sus ramificaciones, antes de que su civilización decadente desapareciera. Lo cual cita ya Platón en sus diálogos Critias y Timeo. Del hermetismo salen los principios de las religiones monoteístas, y Hermes las consagró a la elevación espiritual de la Humanidad.

Las religiones que debían servir a ese sagrado propósito desviaron su cometido por la contaminación de los líderes de cada una de ellas y su caída en el materialismo, dentro del cual daban prioridad a los asuntos del disfrute terrenal de manera burda, antes que preferir el desarrollo armónico y equilibrado de lo material y espiritual.

Los líderes religiosos en aras de preservar el poder que les otorgaba el conocimiento decidieron ocultarlo a la Humanidad, perseguir a quienes lo divulgaban de manera responsable, justa y sana, o decidieron mutilarlo o falsearlo. Así preservaron su poder sobre las muchedumbres, pero las condenaron a la ignorancia que las ha arrastrado a los niveles de degradación en los que se encuentran actualmente.

Nos referimos, muy especialmente, a la matriz del cristianismo, donde hallamos al catolicismo y a una serie de confesiones que se llaman cristianas, puesto que su gran referente es Jesús Cristo. Abundan en ellas falsos cristianos: fariseos de la creencia y de la fe. El verdadero cristiano lo es de corazón y fundamenta su condición en la rectitud de sus sentimientos, pensamientos y actos.

Por otra parte, el agnosticismo y la vida material en la que han caído las sociedades las hace ateas e incrédulas, rompiendo todo lazo con la inteligencia que nos une al Creador. Igualmente, todo el tejido armónico entre el Hombre, la Naturaleza y el Universo se resquebrajó y dio paso a la ruptura ciencia-religión, dejando a las muchedumbres en un mar de escepticismo e irreligiosidad.

En un discurso desgarrador a Asclepio, -discurso IX-, Hermes advierte: “La divinidad se retirará de la Tierra y subirá al cielo, abandonando a Egipto, su antigua morada, y dejándolo huérfano de religión, privado de la presencia de los dioses”… Sigue Trismegisto ilustrando las desviaciones de las religiones en su discurso: …<< ¡Deplorable divorcio entre los dioses y los hombres! No quedan más que los ángeles malos, estos se mezclan con la miserable humanidad… (…) la empujan a todas las audacias malignas, a las guerras, a las rapiñas, a las mentiras, a todo lo que es contrario a la naturaleza de las almas (…) (…) Tal será la vejez del mundo, la irreligión y el desorden, confusión de toda regla y de todo bien>> (…).

No quiero hacer un análisis discursivo de los fragmentos de Hermes, pero si encuentran ellos en la realidad el reflejo de sus sabias palabras. Seguir lectura en el siguiente enlace: Discurso contra las religiones.

René Arrieta Pérez, arrietarene@hotmail.com

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