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José Eulícer Mosquera Rentería | Racismo y clasismo estatales

José Eulícer Mosquera Rentería, colaborador.
José Eulícer Mosquera Rentería, colaborador.

Racismo y clasismo estatales

En su obra más política, “Las Claves Mágicas de América”, nuestro gran maestro Manuel Zapata Olivella demuestra que para entender las problemáticas sociopolíticas, históricas y actuales, de las sociedades americanas, y en particular las de los pueblos de la diáspora africana en las Américas, es necesario abordarlas desde tres perspectivas inseparables en este contexto: raza, clase y cultura.

Reiteró nuestro gran maestro que las sociedades de las Américas, y particularmente la colombiana, habían heredado la esencia clasista y racista, de castas, en que se sustentaban las sociedades coloniales, donde los europeos y sus más cercanos descendientes han ocupado la cúspide de la pirámide social, y han establecido dispositivos sistémicos para mantener su control absoluto de ella.

Por ello la mayor parte de la población de estos países es mestiza pero se asume como blanca, por efecto del eurocentrismo, y “dentro de la sociedad de consumo, rodeados de prejuicios raciales y embobados con los ideales de belleza hollywoodense que a diario los niegan, han intentado un blanqueamiento mediante el uso de cosméticos para alisarse el cabello, enderezarse la nariz o embadurnarse la cara. Paradójicamente existe la tendencia de algunos blancos a africanizarse con peinados, trajes, bailes y nombres que más revelan un acogerse a la moda que de identificarse con los negros…

Pero en el inconsciente profundo, cuando vemos a un negro en busca de blanqueamiento, lo que atosiga su alma es el deseo de conquistar un mayor status social en una sociedad que lo condena por su pasado esclavo. No es, pues, insólito que la rivalidad entre privilegiados y marginados se acentúe en Cartagena, New York, San Juan o Lima, donde los pardos buscan un ascenso en la cerrada sociedad de los autollamados blancos. Con frecuencia, más por rechazo, que por aceptación, se les trata de halagar diciéndoles que no son negros sino morenos, trigueños, pardos, morochos…”

Ya diferentes organismos de Naciones Unidas han reiterado, que como secuela del colonialismo y consecuencias del neocolonialismo, la pobreza y la miseria tienen epidermis altamente pigmentada. Lo que le da la razón a nuestro gran maestro, cuando en su obra en referencia afirma: “La sociedad americana no puede juzgarse hoy, como suele hacerse por ciertos historiadores, exclusivamente desde el punto de vista de las clases, haciendo abstracción de la historia… Si se hace indispensable utilizar la nueva clasificación burguesa, empleémosla, pero haciendo un pequeño esfuerzo de connotación y hablemos de obreros indios y proletarios negros.

No nos privemos de denominarlos con sus rasgos físicos y culturales, recordando de qué continente venían, cuales sus costumbres, idiomas y dioses, precisamente los mismos valores que los conquistadores y esclavistas negaban a los nativos aborígenes. Por esto repetimos que el II Congreso de la Cultura Negra, reunido en Panamá (1981), tuvo penetrante claridad cuando afirmó que los conceptos de raza y clase en América, son inseparables”.

Por lo anterior no debe extrañarnos que las clases gobernantes colombianas, tanto las del nivel nacional como las regionales y locales, cada día se inventen nuevas formas de discriminación contra las comunidades afrocolombianas y sus representantes.

Seguir lectura en el siguiente enlace:  Azabache, septiembre 2014-2

José Eulícer Mosquera Rentería, jlicher001@yahoo.es

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