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Ulahy Beltrán | ¡Ellos también sufren!

Ulahy Beltrán López, colaborador.
Ulahy Beltrán López, colaborador.

¡Ellos también sufren!

María Pérez*  tiene diagnóstico de linfoma. Pero donde trabaja no le dan permisos para asistir a las citas de control médico, y por eso debe pagar para que la reemplacen mientras asiste a esos controles. Los medicamentos que debe tomar deben ser aprobados en un trámite en su EPS que demora a veces varias semanas hasta que se consigue sean aprobados. Muchas veces debe recurrir a la tutela porque no le aprueban oportunamente los medicamentos en ese trámite.

Carlos Meza* tiene cáncer de colon. Está en tratamiento de quimioterapia, y donde trabaja le exigen que debe regresar a trabajar dos días después de terminado cada ciclo de quimioterapia. Además, no le dan permiso para los controles médicos y para poder asistir debe cambiar los turnos con otros colegas.

José Gómez* tiene un hijo que es farmacodependiente. En su trabajo no le apoyan en la rehabilitación de su hijo, pues no le dan permiso para asistir a las terapias familiares y de grupo a las que debe asistir para acompañar en el proceso rehabilitador a su hijo enfermo.
Todos los protagonistas de los casos antes relatados pueden ser ciudadanos del común de nuestro país, con problema de salud ellos y/o sus familiares y con dificultades para poder tener acceso a los tratamientos y servicios que requieren para atenderse adecuadamente sus padecimientos de salud. Pero además, tienen algo en común: son médicos todos.

Es decir, todos los protagonistas de estos hechos son personas que en el ejercicio de su profesión son quienes están encargados precisamente de atender a los ciudadanos de este país para diagnosticar sus enfermedades, tratarlos y además, rehabilitarlos si es el caso. Todos los tres casos de estos médicos citados corresponden a situaciones reales que en estos días están ocurriendo en una sola ciudad colombiana y de manera simultánea, y obviamente, para protegerlos de posibles retaliaciones de quienes les han negado su atención o no les han brindado el apoyo para adelantar sus tratamientos o los de sus familiares, se les han cambiado sus nombres.

Y como estas experiencias negativas, son muchísimas las que vienen teniendo lugar en todo el territorio nacional. Sin contar lo que les toca padecer a los médicos que se enferman y donde trabajan no los tienen afiliados al sistema general de seguridad social y por lo tanto su atención en salud y las licencias por la incapacidad resultante solo las pueden recibir por el pago que ellos realizan como independientes, porque según las entidades donde estos desafortunados laboran “no existe vínculo laboral pues se les paga por honorarios”, aunque ellos deban cumplir horario de trabajo incluyendo turnos, reciban instrucciones por escrito y estén subordinados a una estructura administrativa y lo hagan siempre en el mismo sitio, lo que a todas luces configura vínculo laboral formal.

Y eso que además de ese tema contractual, no se aborda en este escrito la remuneración que reciben hoy los médicos en Colombia, muy cuestionable tanto en la cuantía como en la periodicidad con la que la reciben.

Se está pues ante la evidencia de un sistema que no solo resulta violador de los derechos de la salud y la vida de muchos pacientes, sino que también resulta adverso, injusto y hasta amenazante para quienes son los protagonistas de la atención en ese sistema, como son los médicos mismos. Y a ese grupo de víctimas deben agregarse los demás profesionales, auxiliares y técnicos que laboran en el sector salud y que padecen similares y hasta peores problemas… ¡ellos también sufren!

*Se han cambiado los nombres para proteger su identidad.

Ulahy Beltrán López, ubeltran@hotmail.com, @ulahybelpez

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