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Autoridad sin praxis | Nicolás Contreras

Nicolás Contreras Hernández, colaborador.
Nicolás Contreras Hernández, colaborador.

Santos, Kerry y otros bribones: la autoridad sin praxis legal mediatizada

Diversos hechos en Colombia y el mundo, donde los medios de propaganda ejerciendo de periodismo han jugado el papel de hilo conductor embrutecedor, obligan a reflexionar sobre el ejercicio de la autoridad como praxis legal que desacredita el ejercicio bribón del poder, porque precisamente esta praxis legal, apunta a quienes pretenden señalar al otro, partes de una nube de oportunistas basados en el timo – ese otro hilo conductor- que define al bribón, como aquella persona que engaña y estafa la buena fe de quienes creen en ellos –  en ellas-  o en las instituciones representadas por ellos y ellas,  gracias al poder de la mediatización.

Y es que el poder ejercido por la mediación de las empresas,  que venden información con la etiqueta de comunicación, ha llegado a ser tan determinante que ha convertido la opinión pública,  en una manipulación instrumental de emociones pero sin el arte que le exigía al periódico y al periodismo,  el filósofo Ortega y Gasset en la España republicana exterminada en su más tierna infancia por el fascismo franquista. En esta línea temática de este febrero de 2016 que se acaba velozmente, se pueden reflexionar por ejemplo, el caso de Vicky Dávila y su comunidad del anillo, la pataleta de Santos por el acto de información directa de las Farc en la Guajira; o las pretensiones del Canciller del USA estado terrorista – John Kerry- que pretende en Cuba,  sentar cátedra de derechos humanos.

La autoridad que proviene del latín auctóritas, esto es, la cualidad de quienes se ganan el respeto social por la vida ejemplar desempeñada, delinean la frontera que permite cuestionar los reclamos airados de quienes en los distintos escenarios de opinión, han fungido de opositores o parciales a los actores principales de los hechos noticiosos que motivan esta reflexión, como el abogado Jaime Lombana quien en el foro de Semana comandado por María Jimena Duzán sobre Vicky Dávila y sus anillos, fiel a su ideario uribista de pura cepa, se inventó en el video de la gaylandia militar y parlamentaria.  una supuesta alusión a la comunidad del anillo, emblema de la podredumbre de las élites en el poder, que campea por su ausencia en las dichosas imágenes, que sólo muestran a dos hombres con ganas de devorarse en la pasión homosexual que los consume,  haciendo alardes de tamaños, penetraciones y otras locuras.

Esa misma pataleta de Lombana en defensa de Vicky Dávila,  su copartidaria en el uribismo más cerril, castañista y falsopositivista, no dista mucho de la alharaca de gallinas mojadas que armaron uribistas y santistas, por la multitud que reunieron los líderes guerrilleros en el corregimiento Conejo de Fonseca, que se llenó de niños, jóvenes y adultos que en un hecho insólito, recibieron a los insurgentes como héroes o estrellas de televisión. En cada caso, tanto los uribistas como los santistas y algunos escribidores que se autonombran como de izquierda, superando a Caifás y su kombo el jueves santo de hace más de 2 mil años, rasgaron sus vestiduras por el proselitismo armado de las Farc o porque las pedagogías de paz estaban supeditadas a los frentes guerrilleros y no a las comunidades.

Juan Manuel Santos enchufado perpetuo a la teta del Estado colombiano del cual ha sido desde turista cafetero en Londres, hasta ministro en los gobiernos de Gaviria, Pastrana y Uribe – Comercio exterior, Hacienda y Defensa respectivamente – queda desautorizado cuando la memoria lo ubica tejiendo los hilos del poder fáctico que gobierna a Colombia, en el periodo que vio surgir la más tenebrosa alianza entre narcotraficantes y políticos que daría origen a los paramilitares de finales del siglo XX,  comandados por personajes como Pablo Escobar, Carlos Castaño o Víctor Carranza, que jamás ha dejado de funcionar aunque Santos, bribón como los de su calabazo social, les cambie el nombre.

Seguir lectura en el siguiente enlace: Santos.

Nicolás Ramón Contreras Hernández, makromokamboniko@gmail.com

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