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Wady Bedrán de Gamero a soneros

El rostro de Wady Barán Jácome se asemeja al de una escultura de cera, cuyo abacado no ha recibido la bendición del pulimento, como si con tal omisión el escultor hubiese querido imprimirle el carácter que los espectadores deberían percibir.

Sus ojeras pronunciadas, la dureza de sus facciones, el sonido de bombardino que sale de su garganta en cuanto pronuncia algunas palabras, su estatura un poco desequilibrada por la inestabilidad de la pierna coja que lo viene castigando desde la década de los ochenta; y la insistencia con que mueve el brazo derecho, para darle énfasis a las conversaciones, lo muestran como un ser rudo e imbuido de ese tipo de autoridad aplastante que suelen manejar los personajes del bajo mundo.

Aunque él parece no serlo. Wady Bedrán tal vez no haya sido el capo de ninguna mafia en ninguna de las épocas de su existencia, pero sí uno de los empresarios y productores musicales más asediados y, al mismo tiempo, vituperados del Caribe colombiano.

WADY. Foto de Máximo Palacios.
Wady Badrán. Foto de Máximo Palacios.

En los años ochenta, cuando mostró con toda furia las aristas de su sapiencia musical y empresarial, no hubo en Cartagena, ni en el resto de la Costa Caribe, quien no se refiriera a él con rabia o con admiración, pero nadie podía ignorarlo.

A su residencia del barrio Amberes (uno de los sectores más antiguos de los extramuros de Cartagena) llegaban diariamente músicos, cantantes, productores, compositores, locutores, periodistas, ingenieros de grabación, empresarios del espectáculo y hasta constructores de corralejas pueblerinas para solicitarle algún concepto o pedirle un empujón que los catapultara hacia el difícil mundo de las estrellas, que Bedrán parecía manejar con los cinco dedos de su mano derecha.

Eran tiempos de apogeo. Los soneros de Gamero, con la cantadora de bullerengue Irene Martínez a la cabeza, no sólo estaban batiendo marcas de sintonía en las emisoras colombianas, sino que eran los principales protagonistas de todos los conciertos que se organizaban a lo largo y ancho de la geografía colombiana, y aun de algunos países vecinos.

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Máximo Palacios Orellano, maximopalaciosorellano@vamosaandar.com

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