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Un mes que no te abrazo

Album de recuerdos

Hace un mes, Gustavo Balanta Castilla, hace un mes que no te abrazo…

Como dice la canción de los corraleros de Majagual, hace un mes que no te abrazo… un mes que ha pasado rápido desde que Gustavo Balanta Castilla, viajó eternamente. Un mes en el que por fuerza del destino ha  tocado hacer el ejercicio de entender que te fuiste temprano, que madrugaste a la muerte con la misma irreverencia que madrugaste a la vida.

Gustavo fue prematuro, nació antes de los siete meses y era pequeño y débil según nuestra madre, que tuvo que inventar técnicas para bañarlo porque temía a su fragilidad.

Album del recuerdo de la familia Balanta.

En el vientre ya mostraba sus características de niño único, pues fue un parto largo y difícil, sin embargo él se aferró al amor y nació antes de lo habitual;  así precoz y precipitado inició su vida un 29 de marzo de 1965. Habló temprano y más claro de lo normal, adelantado como siempre a su época y  a su edad, pero no fue así con su andar, pues caminó tarde. La gente se sorprendía de ver que hablaba como un adulto pero que a sus tres años le costaba caminar. Su léxico  era rico en palabras que a su edad no sabían otros niños y por eso tocaba santigüarlo pues “le hacían ojo” al llamar la atención por su manera de expresarse.

Para que caminara,  a los cinco años mi abuela Ana,  sugirió que le pusieran la pata de venado amarrada entre sus piernas. Mi mamá hizo lo propio y la combinó con arena caliente. Al día siguiente como por arte de magia, Gustavo era imparable. Andar se convirtió entonces en su deporte favorito y desde entonces nadie paró su caminar solidario por cada uno de los rincones de nuestro Caribe. La pata de venado alcanzó para que explorara otros países: Estados Unidos, Venezuela, Ecuador y Cuba donde  se sentía como en casa y entonces yo le contaba que esa sensación la tuve también en República Dominicana y decíamos: “Caribe es Caribe” en una especie de coro identitario   que nos salía sin esfuerzo.

Hace un mes justo hoy (09 de marzo) que escapó de la vida, esa que disfrutó tánto. En su juventud fue travieso, jugaba a la bolita de trapo, hacía barriletes, bailaba trompo con maestría, corrió en el fusilao y en la penca escondía; también le gustaba jugar billar y fútbol pero con el juego se olvidaba del tiempo y de los mandados.

Un día fue a la tienda por un kilo de carne para el almuerzo, lo compró y lo dejó a un ladito mientras mostraba sus habilidades para la “bolita de uñita”, se la robaron. Un guiso de tomate y cebolla adornó el arroz de fideo que echaba de menos la carne pero que ya no se podía recuperar; Gustavo sugirió que nos imagináramos que estábamos comiendo carne. Todos nos miramos aterrados de su frescura pero terminábamos riéndonos de sus ocurrencias.

Como era el hermano mayor le correspondía llevarme a las fiestas y cuidarme. Cumplía con su tarea pero inmediatamente me decía:- La mujer se cuida sola. No te dejes irrespetar- se iba a jugar y volvía a recogerme. Mi mamá quedaba convencida de que me había acompañado en toda la fiesta pues  me recogía y llegábamos juntos  a casa.

Un día cuando yo estaba en grado once o sexto de bachillerato, le tocó llevarme a mi servicio social o alfabetización como se le llamaba en esa época; era un sector inseguro y bastante peligroso en Cartagena. Mientras caminábamos un tipo me agarró la nalga. Me indigné, grité, insulté… Gustavo con aquella tranquilidad me dijo- mi hermanita te quedaste con tu nalga agarrá porque si guapeo soy hombre muerto-. Así era, pero yo tuve que llorar y llorar para desahogar mi rabia.

Album del recuerdo de la familia Balanta.

Parece mentira, hace un mes que no abrazo a Gusta, así le decía yo; aunque muchos lo conocieron como Cheche Bacheche, autodenominación que se popularizó y se convirtió en su mote preferido. Cheche significa bueno y bacheche, fuerte en la lengua conga de procedencia bantú utilizada en rituales religiosos yorubas. Sería algo así como “bien fuerte” uniendo los dos vocablos;  eso lo representaba, era el más fuerte de todos. Negoció con la diabetes desde sus 28 años, la aprendió a conocer y le hablaba con amor. Fue un guerrero y se las arreglaba para capotear los momentos en que su salud lo retaba. Tampoco fue fácil su trabajo, lidió con una cantidad de situaciones difíciles durante su militancia en la izquierda, en su ejercicio periodístico y en su labor social y comunitaria. A pesar de todo eso siempre deseaba “Ashé”, que traduce, todo lo bueno, energía y fuerza.

Recuerdo que alguna vez por una deuda de mamá, nos desocuparon la casa, se llevaron el televisor, la nevera, y todo lo demás. Yerwin, nuestro hermanito menor, lloraba tirado en el piso y Edgar, Gustavo y yo, nos mirábamos haciéndonos los fuertes pero las lágrimas se asomaban en las mejillas de los cuatro. Mi mamá nos dijo:- todo se puede resolver y todo se recupera- inmediatamente sacudimos la frustración y nos reunimos para escuchar las historias que  ella nos compartía de Hato Viejo, la vaca sin cabeza, la Moana, la llorona y otras que captaban nuestra atención.

Esa era la época en la que Balanta, como algunos le llaman,  estudiaba en el INEM. No llevaba cuadernos, escribía en hojas sueltas, no sé si por rebeldía o por pereza;  lo regañaban por eso. A veces olvidaba las tareas, pero siempre estaba dispuesto a la discusión y al diálogo. No  llevaba los libros, pero los había leído y cargaba sus argumentos sólidos e implacables.

Gustavo  era la luz de los ojos de nuestro papá, se parecía mucho físicamente a él. La gente decía que eran igualitos. Y sí reconozco que era tremendo el parecido y eso hizo que mi papá tuviera una inclinación explícita por  él que le sirvió para  acercarse más a la familia Balanta y  a su historia.

Cómo olvidar cuando le conté que había conocido en Rusia a un Balanta de Guinea Bissau y que fue muy linda la sensación, que teníamos gustos parecidos y que llevaba un libro sobre los BalantaS  que luego me regaló; cuando volví a Colombia lo  leímos juntos, yo traducía al español y nos emocionaba  saber que en África los Balantas se resistieron a la esclavización, al islam y al cristianismo, que respetan profundamente a los viejos, que además de ser una denominación étnica también es lingüística, que aman el arroz y lo cultivan, que se sobreponían rápido a la adversidad y que eran guerreros. Nos reafirmamos Balantas para siempre.

 

Album del recuerdo de la familia Balanta.

Y como un verdadero Balanta, Gustavo se  casó joven y para ayudar en el negocio familiar, llevaba su maletín de cuero muy elegante lleno de brasieres y pantaletas, que había diseñado su esposa y que él ayudaba a promocionar y a vender. También intentaron la venta de dulces típicos que aunque no los podía comer ayudaba a repartir. Siempre me impresionó su fuerza de voluntad y su aire de “chetundie” o sabio en lengua conga.

No tenía necesidad de escribir para que lo quisieran sus amigos, parafraseando a Gabriel García Márquez, se hacía querer rápido y establecía conexiones del alma a primera vista. Gustavo era abrazador, cariñoso, divertido, solidario, buen conversador,  tierno  y siempre le alegraba el día a la gente. Sus ojos eran grandes y a lo largo de los años aunque se achicaron un poco por la diabetes, albergaban una  mirada engrandecida de amor y ternura.

Amaba los megáfonos, los micrófonos y todo lo radiofónico. Le gustaba la salsa, la música jíbara de Puerto Rico, la champeta, el bolero y además era muy buen bailarín, cuando se paraba a bailar yo cogía puesto para ver ese espectáculo que no todo el mundo tenía el privilegio de observar cotidianamente. Bailábamos juntos y eso era la felicidad absoluta.

Gustavo era una cajita de sorpresas. Pocos saben que practicó boxeo, recuerdo que a nuestra mamá le disgustaba, pero aún así aprendió técnicas de pegada y a la hora de pelear nadie le ganaba; tenía un brincadito que lo hacía ver con estilo y cuando tocaba enfrentarse a trompadas era versátil y fuerte.

También nos divertía una especie lexicón de palabras de Hato Viejo, Bolívar( el pueblo de la familia materna)  que usaban los abuelos y  mamá; luego descubrimos de adultos  que muchas son de origen africano: cirindango, escallutdao, estricótero, añuquío, el nimá, la cosianpireja, zambapalo y bololó… entre otras que heredamos y utilizamos porque hacen parte de nuestro acervo lingüístico familiar.

Cuando hice mi tesis sobre el piropo, los tres hermanos: Gustavo, Yerwin y Edgar, alquilaban balcón para escuchar el resultado de mi trabajo de campo y entonces  se reían escuchando los requiebros caribeños : “fueras tu mietda y yo puetco pa hociquiate, maldita” , “quisiera ser mantequilla para derretirme en tu arepa” y   mija, to eso es tuyo- y la mujer responde- y eso que tengo la mitá en la casa- . Así se nos pasaba el tiempo compartiendo en familia.

Gustavo, Cheche Bacheche, el negro, Balanta, Gusta, todos hipocorísticos o designaciones cariñosas  para nombrarlo; se fue al lado de Yerwin, nuestro hermano, Olga Margarita, nuestra madre y Gustavo, nuestro padre, pero dejó huellas profundas y hermosas en su familia; , en Jassir, Efraín y Benny, sus hijos; en Cartagena y en muchos territorios del Caribe colombiano.

Son muchos los recuerdos de Gustavo Emilio Balanta Castilla, que permitirían  hacer un álbum de recuerdos, huellas y evocaciones. Hoy hace un mes que se marchó y queda su amor esparcido, su negrura comunicante,  la bondad de su alma, su semilla social, su poemario, sus hijos y nuestro amor infinito para él. Siempre volveremos a pasar por el corazón todo lo vivido con Cheche, esa es la gracia de Recordarlo hoy nueve de marzo después de un mes de su viaje.

Nevis Balanta Castilla, nevisbalanta@yahoo.com – Docente universitaria, comunicadora, lingüista e investigadora.

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3 thoughts on “Un mes que no te abrazo

  1. Una familia guiada por una Madre perseverante, inteligente y cargada de un buen humor que llavaban a vencer y afrontar cualquier dificultad, hizo de sus hijos repetir ese mismo patrón. Por muy duros y oscuros que sean los ratos siempre interponer una sonrisa y/o un chiste acompañado de una carcajada. Eso los hace admirables. Aunque por dentro él dolor intente opacar su sonrisa siempre están dispuestos a mostrar la mejor sonrisa al mundo. Amantes de libros y letras otra característica que comparten. Han sido una familia Digna de admirar porque han sabido como tu misma dices Nevis Balanta Castilla “capotear la vida”. Se les quiere mucho

  2. Mis respetos y solidaria manifestación por este recorrido literario a la memoria de un Guerrero de la Vida…GUSTAVO BALANTA CASTILLA …Aún en su estado de viaje hacia la eternidad, emergen testimonios y documentos que nos trasladan y hacen evocar el sentir, actuar y resolver de este gran amigo Fraterno…..Nevis, plasma aquí momentos de vida en Familia y de entorno social, con esa chispa Caribe que llevamos en cada rincón de la Costa Norte Colombiana…..Hermano INEMITA .GUSTAVO EMILIO, tu recuerdo vive hoy y siempre……!!!

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