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Ulahy Beltrán | Hermanos, un cangrejo

Ulahy Beltrán López, colaborador.
Ulahy Beltrán López, colaborador.

Cinco hermanos, un cangrejo

Clara, Camila, María José, Cristian Sebastián y Hellen conforman una particular familia colombiana de 5 hermanos en la que la mayor es Clara, que tiene 77 años, y la menor es Hellen, quien solo tiene 3 añitos. Cada uno de estos hermanos reside en una ciudad distinta de este país: Clara en Bogotá, Camila en Bucaramanga, María José en Cartagena, Cristian Sebastián en Cúcuta y Hellen en Villavicencio.

Los hermanos de esta familia tienen dos cosas en común: que han recibido la visita de un malévolo animal que les ha quitado la salud y ha puesto sus vidas en peligro, el cangrejo asesino del cáncer, y que además han tenido que luchar contra el sistema de salud colombiano, que para ellos ha resultado ser más cruel que el mismísimo cáncer. Es una familia de 5 hermanos que representa a miles y miles de colombianos que enfrentan igual situación.

Clara Sarmiento, la mayor de los hermanos con cáncer, a pesar de sus casi 80 años, la semana pasada debió esperar más de 48 horas  en una camilla de un pasillo de una clínica en Bogotá porque no había habitación disponible para ubicarla, de acuerdo con lo que informaron a sus familiares. La segunda de la familia, Camila Abuabara, tal vez la más conocida por los colombianos, padece leucemia linfoblástica aguda y tiene 25 años de edad. A punta de tutelas y peleas con el Gobierno y con su EPS, y con la ayuda mediática de las redes sociales, Camila no se dejó vencer por este cangrejo asesino y por la inoportunidad en las autorizaciones que requería para ser atendida, y hoy, después de un tratamiento en Houston, está en su fase final de la recuperación del trasplante de médula ósea que se le realizó el pasado mes de diciembre en Medellín.

La que sigue por edad es María José Silva, de 19 años, pero su caso lo abordaré más adelante, pues ahora me referiré a Cristian Sebastián García, de 6 años, que padece linfoma no hodgkiniano, y quien, desde mediados del año pasado, ha estado peregrinando por Cúcuta, Bogotá y ahora Medellín, también con historia de inoportunidad en la atención, que incluye la negación de los viáticos por parte de la EPS a su madre para su permanencia en la capital antioqueña. La menor de la familia es Hellen Restrepo, quien ha paseado todos los 3 años de su vida por Villavicencio, Mitú, Bogotá y ahora Cali, siempre en búsqueda de la anhelada respuesta positiva para un trasplante de médula, pues padece una eritroblastopenia congénita de Blackfan-Diamond, diagnóstico incomprensible para muchos, pero que consiste en que su organismo no produce glóbulos rojos y debe recibir un trasplante de médula que, para variar, su EPS se ha demorado en autorizar.

Ahora sí abordo el caso de María José García, una joven estudiante de Comunicación Social de la Universidad de Cartagena, quien desde el 2014 padecía un angiosarcoma, un tumor canceroso que se le extendió a diferentes partes de su cuerpo. Su EPS le debía autorizar una intervención quirúrgica para combatir su mal, pero finalmente a finales del mes de enero murió esperando la dichosa autorización. En el caso de María José, el sistema de salud le ayudó al cangrejo asesino a segar su vida.

Hoy no sé si a Clara, la mayor de esta familia, la reubicaron en una habitación o no; Camila está próxima a salir de la clínica porque no aceptó que el sistema de salud le fijara su fecha de muerte; Cristian Sebastián y Hellen, así como sus familias, libran la batalla contra el cáncer y siguen su lucha contra el sistema de salud; María José sucumbió ante el cangrejo y ante un sistema que tiene definida la salud como derecho, pero que en la práctica son unos terceros quienes deciden quién tiene derecho a vivir y quién no.

Ulahy Beltrán lópez, ubeltran@hotmail.com, @ulahybelpez

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