»
Inicio > Cinefilia > Sin mover los labios

Sin mover los labios

Es la nueva película de Carlos Osuna. Sin mover los labios imagina un mundo típicamente colombiano donde la violencia empieza a ser objeto con mucha libertad de reelaboración estética y conceptual. Al verla no pude evitar la idea de que esta película se convertirá en un nuevo clásico del cine colombiano.

Comparte con Agarrando Pueblo de Luis Ospina y Carlos Mayolo la voluntad de crear distancia entre el espectador y el espectáculo. La diferencia es que en Agarrando Pueblo el distanciamiento se concentra en las últimas dos o tres escenas.

Aquí, en Sin mover los labios el casi mudo protagonista, Carlos, es un actor, un paciente psiquiátrico, un ventrílocuo capturado por su profesión, un novio imposible, un hijo no reconocido. Hacia el final Carlos se cubre de plumas generando una imagen misteriosa y seductora de un monstruo sin igual, supremamente atractivo, especialmente porque a lo largo de la película nos hemos acostumbrado a un Carlos que habla a través de movimientos casi imperceptibles en una reproducción fiel del trio conformado por Carlos Donoso y sus dos muñecos. Y ahora, al no verse sus expresiones faciales ni su mínimo temblor de labios, Carlos deja de ser Carlos para ser el único y anónimo monstruo capaz de asustar con el objetivo de que nadie mas vuelva a asustar y a ejercer justicia por cuenta propia.

El ventrílocuo, normalmente mudo y retraído, se vuelve como corresponde a cualquier artista escénico amo y señor del escenario. La violencia de machetes, fusiles y navajas logra estremecer al espectador pero, voluntariamente la película deshace el encanto y de una manera sorprendente deja a un lado la pugna. Las batallas afortunadamente se acaban y finalmente no importa quien gana.

La variedad de personajes, muchos tomados de la televisión colombiana. En materia de imágenes hay un preciosismo admirable, los responsables de la fotografía son los que más gozan Sin mover los labios. Desconcierta, hace reír, asusta y lo hace sin ninguna moraleja. O tal vez con una única intención: demostrar lo raros que somos, incluso a nuestros propios ojos.

El desmadre y la ternura conviven y la vida prosigue aun pasando por encima del cadáver de la propia madre, bellamente dispuesto, bellamente vestido, bellamente ignorado. De todas maneras lo que escandaliza es el comportamiento del hijo entregado a su rutina. No nos podemos quedar sin rutinas.

Los 40 años pasados entre Agarrando Pueblo y Sin mover los labios no han transcurrido en vano. El nuevo cine colombiano no juzga, invita a juzgar. A más de un colombiano lo sorprenderá verse tan extrañamente representado. Al salir de verla no pude evitar la sensación de que todos los compatriotas que salían a la calle eran, éramos personajes escapados de la película. Una película que dará mucho que hablar. Sin mover los labios.

Fuente: News LBV, news@lbv.co

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Deja un comentario

Top