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Rubielas colombianas | Ulahy Beltrán

Ulahy Beltrán López, colaborador.
Ulahy Beltrán López, colaborador.

Rubielas colombianas

El estado colombiano debe pedirle a la familia de Rubiela Chivará que lo perdone con un perdón más grande que el mismo cerro bogotano de Monserrate, pues así de tremendo fue el desastre que le tocó padecer tanto a ella como a sus familiares.

Rubiela tenía 50 años de edad y desde mediados del año pasado había sido diagnosticada con un daño valvular en su corazón que ameritaba la realización de una cirugía correctiva para que ella pudiera seguir viviendo. Desafortunadamente, ella falleció en la capital de la República el martes pasado en plena vía pública tras descender de un ascensor de una estación del Transmilenio, antes de lograr que la pudiesen operar.

El peregrinaje para lograr la atención en salud que necesitaba esta ciudadana colombiana afiliada a una EPS del régimen contributivo inició con una cita el pasado 25 de agosto del 2015 con el cirujano que practicaría la operación; continuó con la realización de consultas con anestesiología y exámenes de sangre, para que la cirugía “se practicara lo más pronto posible”. Estos exámenes los tuvo listos tres meses después y en una nueva cita con el cardiocirujano el 6 de diciembre del año pasado, le programaron el procedimiento quirúrgico para el 6 de enero del 2016 en una clínica de Bogotá.

Cuando ella fue a la clínica asignada por la EPS para que la operaran en esa fecha, cancelaron el procedimiento porque de acuerdo con uno de los médicos de esa entidad hospitalaria, allí no había ascensor para subir los pacientes porque desde el 5 de diciembre éste se había desplomado desde el piso séptimo del edificio, y por eso reprogramaron la cirugía para el 12 de enero en la misma IPS.  Lo que ni se sabía era que en la clínica donde pasó todo esto, desde diciembre del año pasado no se practican procedimientos quirúrgicos por la falta de los insumos necesarios para realizarlos como catéteres especializados, suturas, hemostático, entre otros.

Pero las razones para que la familia de Rubiela perdone al estado no paran ahí, pues aún después de fallecida, ella siguió siendo victimizada: por más de seis horas su cadáver permaneció en el suelo sin que llegaran las autoridades responsables del levantamiento del cuerpo. Obviamente esto generó protestas que colapsaron la Autopista Norte capitalina en un tramo considerable y que requirió la presencia de miembros del Esmad con el fin de dispersar a los manifestantes.

Ante todo este drama, un alto funcionario estatal del sector salud a nivel nacional que anunció sanciones económicas para quienes resulten responsables, además de lamentar el fallecimiento de Rubiela Chivará, aseguró sin embargo que hoy “las cosas están mejor que antes”. Con pena ajena, ahora soy yo quien pido perdón por esa postura facilista, pues entre otras cosas, ni con toda la plata que se recaude por esas sanciones, se le devolverá la vida a ella ni a las demás Rubielas que mueren diariamente en Colombia por similares razones y con iguales o peores agravantes.

Ulahy Beltrán López, ubeltran@hotmail.com – @ulahybelpez

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