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Rodrigo Ramírez | Morir muchas veces…

Rodrigo Ramírez Pérez director de contenidos GC.
Rodrigo Ramírez Pérez director de contenidos GC.

Fernando es un amigo de la familia que me conoce desde de niño, hace unos años me inventarió entre los muertos, duró varios meses convencido que le pertenecía al más allá.

Una tarde sorprendo a Fernando en inmediaciones a la Plaza de la Aduana en Cartagena de Indias, al verme empalideció y perdió el habla. Yo le sonreía y le saludaba efusivamente pero ese viejo amigo no podía decir palabra alguna, hasta que me respondió: “Tu mamá me dijo que te habías muerto”.

Fernando estaba confundido, el que había muerto era mi hermano mayor. Mucha gente me llama Ramiro en vez Rodrigo, y este viejo amigo daba por hecho que mi nombre era el del difunto. Es muy normal aceptar que se dirijan a mí como Ramiro y pocas veces corrijo.

Pero no sólo Fernando me contaba entre los muertos, una agente de ventas que tenía años sin verme, al encontrarse de nuevo conmigo me dijo: “Anda niño, yo creía que te habías muerto…”  No sé si era una forma de expresar el rencuentro o de verdad me contabilizaba entre los que dicen adiós para siempre…

Ahora, mientras estoy escribiendo esta columna, recuerdo que el 31 de diciembre de 2006, nos visitó a la casa otro amigo de la infancia para darnos el sentido pésame, un día después de haber dado sepultura a mi hermano, y me dijo: “Mierda, yo creía que el muerto eras tú”. Explicó que al recibir la noticia, le dijeron que se había accidentado el hijo menor y murió a los dos días. Menos mal que a este otro allegado le aclararon la información minutos antes de verme, sino la historia de Fernando hubiera repetido: asustar desde el acá como si estuviera en el más allá.

Esta larga introducción personal y jocosa es  para comenzar a argumentar que uno mientras vive aprende a morirse varias veces, no sólo que lo confundan entre los muertos como lo describí arriba sino en la lucha de la sobrevivencia.

Cuando uno siente que la carga del día a día se hace más pesada para llevarla en los hombros y los planes de superación personal, familiar y profesional comienzan a tener escollos y se nos salen de todo control, es mejor “morirse” antes de ver como esa situación nos mata físicamente.

Cuando digo “morirse”  me refiero que es hora de parar una lucha en la cual nada favorece. Ahí es cuando uno dice, esta situación la dejo en manos de Dios, Él en su tiempo y con su sabiduría la resolverá. Esto no quiere decir que hay que darse por vencido, sino que es el momento de emprender otro camino, pues el que creía que era, no lo es.

Si uno entiende esa coyuntura como la voluntad de Dios, el cambio de camino o de plan, ha resucitado para continuar la batalla desde otra orilla y con una nueva estrategia. Muy seguramente, la que le agrada a Dios y redundará con bendiciones más allá de las planeadas inicialmente.

Así he muerto muchas veces y a los tres días he resucitado, sin ser Cristo, luego de haber vivido una semana de pasión y reflexión comprendo que volver a nacer me hace más fuerte a las nuevas batallas.

Es necesario morir todas las veces que sea posible, solamente de esta forma uno se desprende de los errores que tercamente le insisten continuar matándose en luchas que le pertenecen a la sobrevivencia y que están muy lejos de la supervivencia, es decir, vivir en un nivel superior y en comunión con todo lo que Dios nos da como Bendición.

Rodrigo Ramírez Pérez, director@vamosaandar.com

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