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Rodrigo Ramírez | Desesperanzados 

Rodrigo Ramírez Pérez, director de contenidos GC.
Rodrigo Ramírez Pérez, director de contenidos GC.

En esas conversaciones de tipo político que casi todos los días sostengo con mucha gente, algunas muy curtidas en el tema y otras muy aburridas de la misma vaina politiquera. Una vez una persona muy conocedora de la cosa política local me aseguró: “somos una sociedad desesperanzada, eso es lo que vivimos en Cartagena de Indias, no hay esperanza para donde mires”.

Uyyy que aseveración tan desalentadora, pero al mismo tiempo se convierte en reto. No me veo en el papel de algunos comunicadores sociales y periodistas haciendo imagen política desde sus medios para después “saltar al fango” y hacerse elegir en una alcaldía, o en una curul al concejo, Etc.

Creo y soy un convencido que desde nuestras profesiones (todas) cumplimos un rol político. Sin duda la que más influye en ese papel es la de informar, y no precisamente la noticia que tiene que ver con la política.

Cuando el comunicador social y el periodista es un humanista, igual puede pasar con cualquier profesional, está ejemplarizando el verdadero rol de la política, pues hace evidente el papel de servir a la gente o la comunidad.

Quien se pone el traje de político, usa esa premisa, servirle a la gente. Pero en esencia casi nunca es eso lo que se percibe del político que comúnmente conocemos. El periodista y comunicador social por su naturaleza es un servidor para la comunidad, transmitir información masivamente por un medio de comunicación es dejar mensaje que construyen o destruyen a una sociedad.

Lo anterior es lo que nos permite asegurar que a diferencia de las otras profesiones, el periodista o comunicador social tienen un rol de servicio a la gente, muy similar a la premisa del sentido de ser de la política. La buena política como le escucho a muchos candidatos en etapas electorales. Es por ello que el rol de comunicar es clave para construir sociedades con esperanzas.

Creo entenderle a esa persona conocedora de la política su tesis de una sociedad desesperanzada la que convive en Cartagena. Pues nuestros políticos no gozan de una buena reputación; la gente no cree en las instituciones; las épocas electorales son escenarios de negocios; los mensajes que consumimos desde los medios de comunicación nos confunden, y lo peor, fuera de todo contexto de los valores humanos. Porque prima la información saturada de morbo y al servicio de quienes ejercer el poder politiquero y económico.

Una sociedad que consume morbosidad en casi todos los frentes de la información de interés general, desde la noticia amarillista y tendenciosa le queda muy complejo llenarse de esperanza. Si al oír la radio, ver la televisión, leer el periódico y asimilar los contenidos digitales de la web que le sirvan de actualización del acontecer diario, encuentra además menajes cargados de antivalores, es apenas normal que la gente tiene que estar desesperanza.

Sin el ánimo de descalificar a los candidatos de la etapa electoral que se asoma. El discurso político que empieza a oírse, pese de ser consciente de esa desesperanza, y en la labia proselitista se escuche bien, lamentablemente no representa esperanza.

Quisiera tener mejores argumentos para ser más profundo con lo que arriba estoy afirmando, pero con la sonrisa que acabo de imprimir en mi rostro mientras escribo, no es sarcasmo, sino la convicción que si se lo pregunto a usted que lee, seguramente me estará dando la razón, salvo que tenga intenciones de ser candidato y por llevarme la contraria me asevere que soy un desesperanzado.

Rodrigo Ramírez Pérez, director@vamosaandar.com

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