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Praderas de odios… | Rodrigo Ramírez

Rodrigo Ramírez, director de contenidos.

La lucha entre contrarios se gana cuando se edifica con el adversario, así han crecido las comunidades equitativas, los ejemplos los hay en todos los escenarios sociales y productivos.

Y si, esa premisa es tan antigua en los seres humanos civilizados, por qué, ahora, cuando universalmente los hombres y mujeres tienen las mejores herramientas de comunicación para expandir el conocimiento de lo justo y lo equitativo, encontramos a una humanidad salida de todos los cabellos en un marasmo de cadenas y praderas de odios.

Vivimos más polarizados, políticamente hablando, que en la época de la guerra fría. Y las sociedades son más fáciles de engañar con las mentiras, el chisme y el bochinche. Hábilmente quienes se creen dueños del poder lo extienden perversamente, y millones de seres humanos actúan a favor de ellos como si se tratase de sectas, donde los dogmas están por encima de todo criterio humanista y ético.

Todo es más salvaje que la guerra de sobrevivencia animal que aún habitan los parques naturales del mundo, que frecuentemente observamos por los canales de televisión especializados, sin caer en la cuenta que los humanos enfrentamos escenarios de subsistencia peores a la vida silvestre de esos animales.

Cómo entender que sociedades civilizadas con pleno uso del ejercicio democrático permitan que ostenten el poder público hombres miserablemente egoístas, ególatras, déspotas, en fin, malas personas desde todo punto de vista. Evito citar nombres porque todos sabemos a quienes me refiero. Es mejor suponerlos que seguir dándole importancia a sus canalladas públicas.

Hace unos años leía unos textos sobre genética, entendía que la humanidad científicamente descubría que el hombre podría sobreponerse a muchas adversidades, y eso, permitiría que se construyeran sociedades más equitativas, que eliminarían fronteras territoriales; creencias religiosas, culturales y políticas. Es decir, seres humanos más tolerantes y respetuosos de la diversidad.

Eso lo entendí hace unos 10 años, para entonces, utópicamente, creía que íbamos camino a la construcción de sociedades armonizadas en todos los contextos sociales, políticos, económicos y ambientales. Hoy, me pregunto, en qué momento se rompió la cadena y se perdió el eslabón que unían ese criterio de una humanidad justa y equitativa.

Sin el ánimo de ser pesimista, cuesta mucho trabajo hacer el análisis de alcanzar a dimensionar: ¿En qué se está fallado? ¿Por qué estamos dejando, que lo que rompe sociedades justas y equitativa sea el modelo que se imponga? Permitimos que nos polaricen, y todo lo nocivo tiene mejor propaganda. El buen ejemplo, dejó de ser modelo, ahora, lo consideramos insignificante.

Vivimos en praderas de odios, como una maleza que ni la más prolongada sequía, ni el fungicida más severo logra erradicar ese hongo de ira que nos divide y nos separa de ser, humanos dignos a sociedades equitativas que se construyen con respeto y dignidad.

Rodrigo Ramírez Pérez, director@vamosaandar.com

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One thought on “Praderas de odios… | Rodrigo Ramírez

  1. Amigo muy interesante su reflexión, lo que yo creo a estas alturas de la vida es que en efecto, esa humanidad justa y equitativa NUNCA A EXISTIDO.
    la humanidad se ha construido sobre bases injustas, desequilibradas y así se ha desarrollado, ya no me sorprende nada, aunque si creo que debemos cambiarlo.

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