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Plan Colombia | José Mosquera

José Eulícer Mosquera Rentería, colaborador.
José Eulícer Mosquera Rentería, colaborador.

Plan Colombia y su fracaso en el propósito por  acabar con la insurgencia

El muy publicitado Plan Colombia, junto con la imposición del modelo neoliberal de las privatizaciones aperturas económicas y los TLC, han sido considerados por respetados analistas internacionales, como la periodista e investigadora social, argentina, Stella Calloni, como “el mayor proyecto geoestratégico que se haya trazado para recolonizar América Latina”.

Hace dos semanas cumplió 15 años dicho plan y aunque inicialmente se quiso presentar como un plan estratégico dentro del combate del narcotráfico y la contribución a la construcción de la paz en Colombia, muy pronto quedó en evidencia su propósito prioritario de aniquilar a la insurgencia y a las fuerzas progresistas y revolucionarias consideradas por la ultraderecha nacional y el imperialismo yanqui como aliadas de la misma, y del “comunismo internacional” ó “castro-chavismo”, según el cínico ex presidente Uribe.

Lo cual ha tenido su máxima manifestación en el crecimiento exagerado del aparato militar del Estado colombiano, bajo la asesoría y orientación del Departamento de Estado y el Comando Sur de USA, que de tener 53.000 efectivos cuando se iniciaron las Conversaciones del Caguán, en enero de 1999, ha pasado a más de 200.000, de los cuales el 30% son soldados profesionales.Con su propuesta del Plan Colombia los asesores gringos le calentaron la cabeza a Uribe Vélez, a tal punto, que al posesionarse en su primera presidencia anunció que en menos de seis meses habría derrotado a la insurgencia, convencido de que por la vía militar su establecimiento resolvería el conflicto de más de medio siglo.

Durante los gobiernos de Álvaro Uribe y de Juan Manuel Santos, los recursos del Plan Colombia se concentraron en su denominada política de “Seguridad Democrática” contra la insurgencia y las fuerzas de oposición de izquierda; y el acondicionamiento militar del territorio, en alianza con el narcoparamilitarismo, para “la confianza inversionista” de los megaproyectos minero energéticos y el saqueo extractivista de las transnacionales y multinacionales, que traen consigo la depredación del medio ambiente y de ecosistemas maravillosos, fundamentales para el país y el planeta.

Después de gastar mucho más de 10.000 millones de dólares en la ejecución de este plan, Colombia, además de haber sido su mayor financiadora, sigue siendo el mayor productor de cocaína en el mundo; el conflicto social, político y armado se continúa agudizando, por lo cual el Gobierno Colombiano se ha visto forzado a adelantar acercamientos, diálogos y negociaciones de paz con la insurgencia, dejando atrás las calenturas guerreristas de Uribe Vélez, que solo han traído sufrimientos y agudización de la pobreza a las comunidades rurales, afrocolombianas e indocolombianas.

Sin embargo, siguen creciendo los grupos narcoparamilitares y de delincuencia común organizada, y su accionar criminal sobre las comunidades. Por tanto, uno no entiende cual es el éxito del Plan Colombia que están celebrando los gobiernos de Colombia y Estados Unidos y sus áulicos de los grandes medios de desinformación.

La violación a los derechos humanos en Colombia durante los gobiernos que han puesto en práctica el Plan Colombia, ha sido alarmante y signada por las masacres, violaciones a mujeres, crímenes de lesa humanidad y el desplazamiento forzado. Según la Unidad Nacional de Víctimas, solo en el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002) hubo más de 1.550.000 desplazados forzados; durante los dos gobiernos de Álvaro Uribe (2002-2010), fueron desplazadas casi 3.000.000 de personas; y  durante  el mandato de Juan Manuel Santos, se han desplazado cerca de 1.000.000 de personas.

Al punto que en 2014, el Informe de la Agencia de la Organización de Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR, ubicó a Colombia en el segundo lugar con mayor número de personas en condición de desplazamiento forzado, al registrar la escandalosa cifra de seis millones de personas. Aunque otros organismos especializados en el estudio del tema consideran que las cifras pueden ser mayores.

Seguir lectura en el siguiente enlace: Azabache, febrero 2016-2.

José Eulícer Mosquera Rentería, jlicher001@yahoo.es

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