»
Inicio > Primer plano > Patrocinio Cachorros en Cartagena

Patrocinio Cachorros en Cartagena

A propósito de los Cachorros de Chicago

Entre los años 1931 y 1932 militó en el béisbol de la primera categoría de Cartagena un equipo llamado Wrigley´s, patrocinado y financiado por William Wrigley Jr, propietario de los famosos Cachorros.

Y cómo fue eso que un propietario de un equipo de grandes ligas, se interesara por una novena en Cartagena, Colombia? Pues resulta que con este señor había hecho amistad durante su permanencia en la “Ciudad de los vientos” un médico cartagenero que hacía su especialización en radiología, conocido con el nombre de Pedro Herrera González.

Herrera era un fanático del béisbol. En sus años mozos (1918) había fundado en la Universidad de Cartagena al equipo Universitarios que cuatro años después se convirtiera en el famoso Club Aguila.

William Wrigley Jr.
William Wrigley Jr.

Tanto le habló Herrera a Wrigley (nombre conque se conoce el estadio de los nuevos campeones mundiales) de la pelota cartagenera que este le ofreció “colaborarle” con implementos y unifomes. Y a principios del 31 el milagro se dio, cuando llegaron en un mercante de bandera norteamericana dos huacales con uniformes, bates, manillas, pelotas y bolsas repletas de la goma de mascar “Wrigley’s”, fábrica de la cual era su propietario.

Los uniformes eran de lana, que se convertían en saunas para esta temperatura, de color azul. Pero este patrocinio duró poco tiempo, porque el magnate norteamericano falleció a principios del 32, y el equipo se fusionó con el Kola Walters del dirigente Claudio Muñoz para resultar en el Faro, bajo el auspicio de la cervecería de los Vélez Daníes ubicada en Manga.

En esa novena militaban peloteros como Euclides Díaz, Rafael Miranda, Manuel Gómez, Elías Delvalle, Enrique Calvo, Arnoldo Salcedo, Lucas Campo, Antonio Lorduy y Víctor Pedroza. Además figuraban los dominicanos Juan “Titico” Guzmán, “Ninín” Rodríguez, el cubano Serafín Centeno –boxeador- el panameño Frederic Ñerup, Andrés Medina, Rafael López, Arturo Saladén y los barranquilleros Eulalio y Pablo Arrieta y el zurdo Víctor Pérez.

Indiscutiblemente que los años 31 y 32 fueron los años estelares para la pelota cartagenera desde su organización o por lo menos fue el principio de lo que más tarde se denominó la edad de oro del béisbol de Cartagena. Poco a poco la estructura humana va a mejorar y de paso el aficionado aprenderá a calificar y a querer más, a exigir, lo que hace que el termómetro categórico tenga que ascender. El ánimo y la fiebre latina despierta dentro de un marco folclórico en la afición, que le va a ingresar a las gradas del escenario los pitos, tambores y sirenas con el fin de apoyar a su equipo. Empezó una corriente impetuosa del fanatismo deportivo.

Se podría decir que con la llegada de los quisqueyanos se abrió una nueva etapa para el béisbol cartagenero. A pesar que había buenos lanzadores, recios bateadores y grandes fildeadores, se carecía totalmente de técnica y de malicia. Fue una bendición la presencia de aquellos, porque “Titico” Guzmán decidió radicarse para siempre en la ciudad y con sus conocimientos y enseñanzas, comenzó a depurar y reestructurar el béisbol de la Heroica.

Con Guzmán se comenzó a hablar de estrategias en el béisbol y nacieron las señas, cosas que no se conocían en el medio y ese deporte ingenuo que se practicaba y jugaba empezó a cambiar a pasos agigantados.

De manera, que 70 años después podríamos decir que el béisbol cartagenero fue “socio” de lo nuevos campeones.

Raúl Porto Cabrales, rportoc@gmail.com

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Deja un comentario

Top