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Máximo Palacios | Discurso politiquero

Máximo Palacios Orellano, colaborador.
Máximo Palacios Orellano, colaborador.

El discurso politiquero

En días pasados escuché en un noticiero radial la intervención de un candidato a la Alcaldía de Cartagena.

El aspirante empezó sus declaraciones diciendo que, de salir airoso en las justas electorales de octubre, su programa se enfocaría en la gente, “porque todas las administraciones de los últimos años han pensado en todo, menos en la gente”, acotó.

De ahí en adelante hizo una prolífica justificación de por qué quería trabajar por la gente cartagenera y cómo lograría que ese trabajo cambiara el modo de vivir y de pensar de quienes vivimos en esta urbe.

Pero, de un momento a otro, el locutor que conducía el noticiero lo interrumpió para decirle que su programa de gobierno se veía muy pobre, puesto que no mencionaba por ninguna parte el Transcaribe, el traslado del Mercado de Bazurto, el transporte acuático, el túnel de Crespo y el traslado del Aeropuerto Rafael Núñez.

Debo confesar que, además de rabia, me dio mucha lástima por la intervención del locutor, pues si algo había de pobre en la emisión de ese noticiero no era el programa que estaba exponiendo el candidato sino la mentalidad del comunicador que, a final de cuentas, es la misma mentalidad de casi todos los cartageneros, sobre todo los habitantes de los estratos más bajos.

Desde que estoy escuchando los discursos de esos personajes que en Cartagena malamente se hacen llamar políticos, es esta la primera vez que oigo a uno de ellos hablar de la gente, de sus preocupaciones, de sus opiniones, de sus necesidades tanto materiales como espirituales, pero el locutor del noticiero decidió, abruptamente, que el aspirante no era interesante, porque no se desenvolvía con la misma carretilla politiquera que utilizan todos los que aspiran y han aspirado a cargos públicos en esta ciudad.

Tal parece que el discurso politiquero hiciera parte imprescindible del paisaje de ciudad atrasada que nos rodea; y, desde ese punto de vista, siempre se nos hará extraño y hasta intrascendente un candidato que hable con los pies sobre la tierra.

¿Será por eso que aún no se nos aparece un Antanas Mockus o un Pepe Mujica? ¿Será por eso que los dirigentes comunales y gestores politiqueros les caminan más a los aspirantes que les llevan bolsas de ilusiones y proyectos de aire?

Desconozco si el aspirante que habló en el noticiero radial hablaba sinceramente sobre trabajar una visión más humana de la política, pero lo que sí tengo claro es que, si sus intenciones son ciertas, le costará muchísimo trabajo abrirse paso en ese maremágnum de gente dormida y de mentes facilistas que integran nuestra realidad poblacional.

Un candidato así, lo primero que deberá comprender es que sus ideales necesitan de más de una administración para cristalizarse, dado que la primera transformación que deberá sortear será un traslado: subir el pensamiento de la gente hacia la cabeza, ya que ahora mismo (y desde siempre) está en el estómago.

Máximo Palacios Orellano, maximopalaciosorellano@vamosaandar.com

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