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Lo niego todo…

En su canción sarcástica y morbosa, sin dejar de ser poética y amorosa, Sabina enfatiza que lo niega todo de aquellos polvos y estos lodos… Lo niega todo, incluso la verdad. Y advierte, que lo niega todo, si cuentan su vida…

Esta patética canción es perfecta a tantos “dignatarios” colombianos atornillados en el poder público estatal. A penas fluye la verdad que les revela sus bajos instintos, aflora el auténtico cinismo en esos politiqueros, conducta que contrasta con el sarcasmo expresado en la honesta composición musical de Sabina.

Cuando escucho la canción pocas veces me remito a la honestidad del autor. El tema me traslada a la postura descarada de esos politiqueros que sin temor a alguno se hacen las víctimas, y con otras mentiras, confunden la verdad que demuestra lo perverso que son.

Lo niegan todo sin sonrojarse, se llenan de ira, y aunque se le sale diablo que los mueve a la perversidad logran conseguir que su comité de aplauso los defienda y den la batalla por ellos, para hacer de la mentira una “verdad.”

En definitiva, la anterior conducta nos ha fracturado tanto que hoy somos los colectivos de la incertidumbre, de la desesperanza, de la impotencia y estamos sin norte. Somos los sonámbulos de la mentira.

Nuestra institucionalidad le toca la peor parte. Ha sido tanto el protagonismo de la corrupción que hoy un juez, un fiscal, un policía, un militar, un político, un funcionario público y privado, un estudiante, un profesional, un ciudadano común y corriente está en la misma balanza con los delincuentes y politiqueros, pues ya nadie cree en nadie.

En qué momento llegamos a ese nivel de la incertidumbre. Pregunta sin una fácil respuesta, y si la tiene, está viciada de muchas variables, y todas al final, son lo mismo: una mentira. Honestamente decir la verdad es peligroso. Por eso, lo niego todo…

Rodrigo Ramírez Pérez, director@vamosaandar.com – Subjetivo.

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