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La otra Cartagena

Extraño mucho  a la otra ciudad

Camino tocando  y oliendo las piedras

ellas, me pueden indicar si ando en terrenos  ajenos

también ellas, conocen las intenciones del asechante

 

Esta parte de la otra ciudad, traza caminos y pone límites

sólo son quebrados por las lluvias y la lengua del changón

citador a la cena de Tánato y a  las  plañideras que golpean la tierra

en medio de su llanto, preguntando el   por qué de la tragedia

 

Ahora le tengo miedo a la calle de mi barrio, tampoco me atrevo a mirar

a través de las rendijas

Mis vecinos reprimen las palabras y  acortan sus pasos para no pisar las

rayas que marcan el límite de sus miradas

 

Juan, en su niñez,  jugó con las mismas bolitas de cristal de su amigo  Antonio,

hoy, separados por líneas imaginarias, no pueden intercambiar sus  canicas,

se señalan con cruces de hierros tirados para cortar las palabras de amistad,

juegan al trueno y recogen flores sembradas en el estiércol, para cubrir la

tumba del primero que caiga en los juegos cruzados  en el callejón de la Muerte

 

Ahora , Cartagena de Indias  está nublada por las aves de la inseguridad

los caminantes se miran los rostros con temor de ser fulminados por la

luz de los ojos del que señala con el índice

La otra ciudad, estás abandonada, es móvil en  la vorágine del buscavida

 

La otra ciudad de mecanos veloces,  adueñados del grito y matadores del silencio

transitan el imaginario para acortar el tiempo de vida  y apropiarse de la eternidad,

las madres, han salidos para trazar cruces en solicitud de esperanza de vida,

secaron  sus  ojos en los últimos encuentros de  tronantes adioses por los que no debían morir

 

La ciudad de casa coloniales y sectores adheridos al aire que reflejan las murallas,

andan con pasos de cierta seguridad y duermen en la protección de cien ojos,

muestran  una   risa comprada  en los almacenes de marcas y guardan el pesar de la inseguridad

 

Han muerto, los que lanzaron voces de auxilios para los niños que juegan  al escondido

en el nido de adioses abandonados,

sigue la procesión de púberes grávidas  que permutan su virginidad por los denarios  de Familias en Acción y dan  criaturas con el llanto de la desesperanza

 

Allá en el mundo de la Otra Cartagena, Tánato juega a la libertad con la participación de la  invidencia  de los que se adueñan de la matriz de la Urbe

 

Juan V Gutiérrez Magallanes, juanvgutierrezm@yahoo.es

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