»
Inicio > Columnistas > La gran enfermedad | Máximo Palacios

La gran enfermedad | Máximo Palacios

Máximo Palacios Orellano, colaborador.
Máximo Palacios Orellano, colaborador.

No creo exagerar si digo que en los últimos meses la palabra que más se ha pronunciado en Colombia es “zika”.

Incluso, de manera jocosa han tratado de bajarle el tono a una enfermedad que, solo por ser nefasta para las mujeres embarazadas, debería despojarse de todo dejo de broma o de mal chiste negro.

Pero no es exactamente del zika lo que quiero hablar, aunque mencionarlo en estas primeras líneas me sirve para rememorar el título de una nota (supuestamente periodística) que vi en el facebook, donde se revela, de manera terrorífica, que el zika no es una enfermedad brotada de la naturaleza sino que fue inventada en un laboratorio.

Lo mismo se ha dicho del cáncer, del sida, del ébola y de la gripa aviaria, entre otras, que han servido de temas no únicamente para artículos de dudosa seriedad sino también para películas respaldadas por directores y productores de mucho prestigio.

Pero, más allá de que esas supuestas invenciones de laboratorio sean ciertas o no, lo que me gustaría resaltar del tema es que, si lo vemos bien, el mundo de la industrialización no necesita andar fabricando enfermedades para diezmar la raza humana, sobre todo la que habita las zonas más pobres del planeta.

Basta con seguir produciendo alimentos que estimulen la diabetes, la obesidad, la hipertensión, la disfuncionalidad del colon, las afecciones del sistema digestivo, la esterilidad, la flacidez eréctil a temprana edad, las alergias y los padecimientos del sistema respiratorio, entre otros demonios que alargarían la lista.

Basta también con que, después de sufrir todas esas indisposiciones físicas y hasta mentales, el ciudadano se vea obligado a frecuentar el paupérrimo sistema de salud que existe en estas latitudes, para que le receten fármacos que aliviarán (no curarán) algún órgano malogrado, mientras le dañan otros más.

Basta también con que los medios de comunicación, órgano capital del sistema industrializado, se dediquen a frustrar la vida de quienes no logren alcanzar la idea de éxito que diseñó la filosofía capitalista en detrimento del cultivo del espíritu y de las buenas relaciones humanas.

Basta con eso para que el ciudadano que se considere fracasado eche mano de las drogas estupefacientes y del alcohol, como puerta de escape de un mundo al cual no logra pertenecer.

Basta con que las mal llamadas grandes potencias sigan fomentando odios racistas, políticos y económicos, que sean la excusa para sacar guerras de donde no las hay, todo con la verdadera intención de invadir territorios e inmiscuirse en los asuntos internos de los países ocupados.

Cuando en el siglo XVIII el demógrafo británico Thomas Malthus dijo que “los problemas de crecimiento exagerado de la población se resolverían gracias a las hambrunas, guerras y epidemias por las que disminuiría la población, sobre todo la perteneciente a los grupos más desfavorecidos”, a lo mejor era demasiado temprano para que imaginara que unos siglos después su teoría estaría terriblemente apoyada por la industrialización de los alimentos y las medicinas.

Eso, sin contar con los métodos de exterminio que utilizan algunos gobiernos tercermundistas como los grupos de “limpieza social” y el desplazamiento de poblaciones hacia las grandes metrópolis.

Basta con todo lo que he mencionado para que se entienda que el irrespeto por el prójimo es la más grave de todas las enfermedades que pueda padecer el ser humano.

Máximo Palacios Orellano, mpalacios@vamosaandar.com

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Deja un comentario

Top