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Historias y personajes de Chambacú

El hombre que murió sin los humores de Loncha*

Eran los tiempos en que al deshonesto político se le llamaba  Puñetero Tramposo.

Era un hombre de pasos delgados y silenciosos, saludaba con reverencia respetuosa, dejando un olor a yerbabuena. Pocas veces lo vi en la esquina de la Seño Carmen, donde se resolvían todos los asuntos de nuestra adolescencia, sin tocar las arandelas de la confrontación violenta. Victico, sabía medir sus palabras, y guardaba en sus bolsillos, ciertos proverbios  que le leía a sus amigos más cercanos.

Su casa-rancho estaba ubicada en la esquina del extremo derecho de la Loma de Vidrio del barrio de Chambacú, su patio colindaba con los solares donde vivían los descendientes de Juana Maza (matrona de las vendedoras de carbón en el Mercado de Bazurto), más tarde apodados Los Priscas, de donde salieron boxeadores, como Dinamita Pum, el Pelúo Arnedo, los Cardales  y otros.

Después de sus lecturas, fundamentadas en el buen comportamiento, y algunas veces en las normas que encontraba en el viejo libro de “Alegría de Leer”, de cuarto año de primaria, se embelesaba con los  cuentos de Tarzán y Supermán, tenía una abundante colección de estas revistas. Algunas veces en ese mundo de ficción, sufría breves ensoñaciones, que lo transportaba a una ciudad donde nunca se daba la sustracción de los ajeno, nadie robaba,  las personas morían de vejez, por muerte natural.

Victico, jugó al amor romántico con su vecina de la esquina, le escribía pequeños poemas que dejaba colgado en las puntas de los maderos que sostenían la cerca del patio de la casa de la niña, eran poemas con frases de boleros románticos , que extraía de los cancioneros de aquella época, tal como:

              Si Dios me quita la vida**

               antes que a ti

              le voy a pedir ser  el ángel

               que cuide tus pasos…     * *Luis Demetrio

Era de una nobleza asombrosa, lo que se demostró, cuando le tocó ser empleado de la tienda del “General”, nunca aceptó vender un producto dañado ni pasado de su tiempo de bondad, lo que le comunica al dueño sin temor a perder el puesto. Era miembro de la Juventud Obrera Católica(JOC), una organización de jóvenes católicos con un  asesor espiritual Jesuita, como lo fueron, el padre Salazar y más tarde  el padre Luna, ambos fallecidos, se reunían en el Edificio San Francisco, todos los sábados en la tarde, para comentar los evangelios y hacer una interpretación terrígena y funcional ante la problemática de la sociedad colombiana.

Victico, hacía un gran esfuerzo para comprender la maldad, no concebía al hombre de pensar torcido, muy a pesar de verlo a diario y aceptarlo, en sus relaciones de  ser humano dispuesto a servir. Los que lo conocíamos en Chambacú, lo mirábamos como un hombre de sano pensar, que sufría por las maldades del otro, situación que se demostraba cuando le tocaba comulgar, ya que se apropiaba de los males de sus semejantes, considerándose como un hombre indigno.

Victico, allí en Chambacú, era un ser diáfano, nunca sintió los olores de Loncha, cargaba la bondad en su hombro derecho, sin incomodarle el peso de  ésta, por la utilización que hacían de él , se regocijaba en la contemplación de la niña de sus sueños, que contrastaban con los gritos de los muchachos  que jugaban con  la bolita de caucho saltarina sobre  la Loma de Vidrio.

Por su amor a las historietas, enrumbó sus placeres por la encuadernación, era un restaurador de libros muy especial, le advertía a sus clientes, cuando el texto le parecía muy interesante, tener que leerlo, de esta manera, adquirió un amplio conocimiento literario, llegó a leer El Quijote de la Mancha, veinte veces y a La María, de Jorge Isaacs, veinticinco veces, se refugiaba en la lectura de esta novela, para visionar los sueños amorosos de su vecina.

Cuando los años hicieron estragos en su cuerpo, se internó en el Asilo de San Pedro, y allí reunía todas las tarde a los ancianos y le narraba textos completos de los pasajes del Quijote y su escudero Sancho Panza.

Victico De la Hoz, murió  con la ausencia de los olores de Loncha y los cantos de Julián Machado

*Loncha, despuntadora de anzuelos adolescentes, en su vida de sana alegría.

Juan V. Gutiérrez Magallanes, juanvgutierrezm@yahoo.es

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