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Hablo y luego pienso… | Rodrigo Ramírez

Rodrigo Ramírez Pérez, director de contenidos.

¡Calumnia! Que de la calumnia algo queda… Esa frase se la oí por primera vez a un auto denominador de veedor ciudadano, en una reunión con empresarios, donde también estábamos, consultores de la comunicación, políticos y por su puesto unas botellas de whisky.

Cuando uno participa en esas reuniones donde se arman planes con incidencia en la ciudadanía, y al darse los resultados favorables vienen las celebraciones, es ahí, donde uno aprende más de las verdaderas intenciones de la gente, y conoce los distintos disfraces que se colocan para combatir por la defensa de sus intereses personales.

También en esos escenarios, entiende uno que el poder del dinero facilita muchas cosas, siempre y cuando, todos los participantes del pastel le pongan precio a su torta. Ahí, se puede decir a boca llena, la plata lo mueve todo.

Muchos de los que estamos leyendo esta reflexión, hemos vivido estas experiencias, así que evitemos sonrojarnos, me he acostumbrado a decir las cosas a calzón quitao, porque de la otra manera sería optar por la hipocresía. Esto me recuerda una conversación con un empresario-político: “Rodrigo, yo también fui corrupto, por eso sé como se puede combatir”.

Por ello, me indigna que en la coyuntura política por la que atraviesa Cartagena, el país, la región y el mundo entero, sea un escenario de puro señalamientos y muy pocas reflexiones de mea culpa. Somos corresponsables, pero nos hacemos los mojigatos, cuando en realidad nuestra majadería nos delata a kilómetros.

Es muy bacano lanzar la opinión púdica en las redes sociales con altas dosis de morbo para convertirlas en virales, haciendo el papel de Pilatos. Evidentemente, todo es sistemático, entre más ruido se haga, mejor. Ensordecer, atormentar es la estrategia de los hábiles para crear cortinas de humos a sus actos corruptos e indecentes. Pregúntele a Alvarito que sabe mucho de eso.

Ahora, como entendemos que las redes sociales es el mejor escenario para expresar nuestras opiniones, por supuesto, el propicio ejercicio del derecho fundamental. Ahí, se revela lo que realmente somos, demostramos la verdadera esencia de lo que tenemos en nuestra consciencia. El pecado es creer que nuestra percepción de la realidad es la razón absoluta, y todo lo demás que no aplauda la conjetura es un grave error. Más claro: ¡Es como yo digo! Lo otro son estupideces.

Para mí estos nuevos escenarios, que son muy importante por su alta capacidad de propagación, lamentablemente se convierten en espacios para desinformar, y por ende, sirven en la invención del neófito principio al conocimiento: “primero hablar y después pensar”. Vale, porque uno se da cuenta que tan sabio es, el que se cree erudito, y a pesar de tener en su inventario publicaciones de libros, documentales, obras, ponencias, etcéteras; de poseer doctorados y especializaciones, parece que poco le sirve la inteligencia ante su nula consciencia. Pensaría que lo impulsa más el odio que el amor, con esto, los debates se convierten en herramientas que poco le apuestan a la reconstrucción de sociedad, que cada vez se fragmenta. Y su descomposición, además, de oler a putrefacción se consolida como un cáncer en metástasis.

Todo esto, me permite concluir, estamos asistiendo en cada momento al sepelio de la sensatez.

Rodrigo Ramírez Pérez, director@vamosaandar.com, @vamosaandar

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