»
Inicio > Apuntes y apuntes > Enrique se quedó en la guerra… | Rodrigo Ramírez Pérez

Enrique se quedó en la guerra… | Rodrigo Ramírez Pérez

Rodrigo Ramírez, director de contenidos.
Rodrigo Ramírez, director de contenidos.

La noche de un 30 con la madrugada del 31 de diciembre a comienzos de este milenio, Enrique fue ajusticiado por su misma gente. A su humilde morada llegaron y sin mayores explicaciones lo asesinaron con disparos de gracias.

El bullicio de la última noche de año viejo fue silenciado en señal de solidaridad de sus vecinos, que lo vieron crecer como un niño inquieto y un joven envalentonado ante cualquier pleito callejero.

Esa noche ya no era de fiesta sino de velorio, el cadáver de Enrique fue velado en la sala de su casa materna, pues desde su nacimiento estuvo marcado por la tragedia, primero falleció su madre al poco tiempo de su nacimiento, y después, murió su padre.

Su abuela fue madre y padre para él y sus hermanas, quizás esa ausencia paternal desde muy temprana edad, permitió que Enrique fuera un ser rebelde y valiente para enfrentar los conflictos por la vía de la agresión. Lo que popularmente se conoce: “me la haces, me la pagas”.

En mi frontal tengo una cicatriz producto de una pedrada que recibí luego de trompear con Enrique, para él, no fue suficiente que peleáramos a los puños, ver sangre, quizás le daba la mejor sensación de ser vencedor. Teníamos la misma edad, y para la época de esa trifulca, corríamos por los 12 0 13 años. Sus hermanas esperaban mi venganza, pero una semana después, ya andábamos de amigos, y yo había perdonado esa herida que empezaba a cicatrizar.

Con Enrique fuimos compañeros en la primaria y el bachillerato, además, vecinos en la misma calle del barrio, sin embargo estar tan próximo, en nada impedía que discutiéramos casi todos los días y en más de una oportunidad nos fuimos a los puños, pero aquella vez que me hirió con una piedra, fue el final de las rencillas, nunca más volvimos a pelear de manera individual, pero sí estuvimos en el mismo bando para armar trifulca con otros jóvenes e inclusos cometimos pilatunas, y enfrentamos a situaciones muy riesgosas, por fortuna, sin secuelas que lamentar.

Con el tiempo uno va reemplazando a los compañeros del barrio por los del colegio, y los del colegio por la universidad, y los de la universidad por los del trabajo, y así arma una cadena de amistades que se decanta en unos pocos, que serán los verdaderos amigos.

Un mes ante del asesinato de Enrique me lo encontré en nuestro barrio, teníamos más de 20 años sin vernos. Nos actualizamos de lo que estábamos haciendo, y de los descendientes de nuestro nuevo inventario familiar. Recuerdo que me dijo que trabaja en una zona rural del departamento de Sucre, pero no me detalló a qué se dedicaba en verdad. Fue una charla muy breve con la promesa de ampliarla en diciembre al compás de unas cervezas.

Aquel medio día del 31 de diciembre vi a su hermana muy angustiada, sin embargo, le resté importancia y sólo en la noche un vecino me contó la trágica noticia que su misma organización lo ajustició, según, porque se había extralimitado de sus funciones. Fue ahí cuando me enteré que tuve un compañero de infancia actor directo de la guerra que nos tocó vivir a los colombianos por más de 50 años.

Esta historia real, como muchas otras que he conocido de víctimas de la guerra, me invitan a reflexionar que todos de alguna manera, hemos conocido a alguien que ha vivido el dolor y las injusticias de una guerra que nos ubica en el contexto mundial como una nación en alto riesgo de preservar la vida.

En buena hora se han unido voluntades para darle fin a la guerra con una paz negociada desde lo político, jurídico y social. Con elementos propios de la condición humana, el perdón y la reconciliación. Con esas características se definen las garantías de reparación, restitución y no repetición. Todo ello, bajo la mejor herramienta que da paz a las víctimas, la verdad.

El Acuerdo de Paz firmado entre el Gobierno colombiano y las Farc tiene los anteriores elementos y condicionantes, y está pensado para extraer la pena que padecen las víctimas, porque con verdad se le da paz al dolor, y así, la sed de venganza pierde su razón de existir. Esto es, el humano concepto que garantiza en Colombia construir Paz Estable y Duradera.

Sin embargo, Enrique, como muchos colombianos que se quedaron en la guerra, no tuvieron la oportunidad de conocer una paz negociada. Entender esto, si desarmamos los corazones, el tema es muy sencillo, y así, lo aceptamos como el primer paso que garantiza no repetir la misma historia.

Rodrigo Ramírez Pérez, director@vamosaandar.com

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Deja un comentario

Top