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Domingos, cita con el cine

"Esta información está censurada para menores de 40 años".

La muchachada de los años 70 y 80 del SXX en Cartagena de Indias teníamos por costumbre reservar todos los domingos para ir al cine, la mayorías de las salas o teatros estaban en el centro amurallado. Eran para aquella época, el Cartagena, el Calamarí, el Bucanero, La Matuna, el Padilla, el Rialto y al comienzo de la década de los ochenta entraron a la oferta los dos Cápitol, uno de éstos como sala X, aún se conserva así, siendo la única con función rotativa del género pornografía en la ciudad.

Al devolverme a esa etapa de la vida, me viene a la memoria las frustraciones de las mayorías de veces que me quedé por fuera de la sala de cine, la Matuna. Siempre, se llenaba en sus tres funciones dominicales, para las cuales, sólo tenía permiso a dos: matiné o vespertina. La de la noche, por muy desobediente que intentara ser con mis viejos, de nada servía, porque los empleados de la sala nos impedían entrar, esa función sólo era para adultos, es más, en muchas ocasiones se trataba de otra película totalmente distinta a la que se exhibía en las dos jornadas anteriores.

Los domingos estaban marcados, o como se dice ahora, etiqueteados por el cine, así se manifestaba el deseo que se acumulaba a lo largo de la semana. La mañana dominguera era para revisar la lista de las películas en cartelera, principalmente la que se presentaba en el teatro de la Matuna. La osadía comenzaba a la dos de la tarde, cuando salía de mi casa con amigos del barrio o del colegio.

Estábamos dispuestos  jugárnolas por un cupo en la Matuna, pero cuando llegábamos a la jurisdicción del teatro ya la fila bordeaba la cuadra, y la cola tendía llegar a la avenida Venezuela, esa señal, indicaba que ya estábamos entre los que muy seguramente se quedaban por fuera, al acercarnos a la taquilla, lo más probable era que se agotaran las localidades.

Sin embargo hacíamos la fila, conscientes de que en muchas ocasiones faltándonos unas 30 ó 40 personas para llegar a la taquilla se acabaran las boletas. ¡Qué frustración! Primera opción, seguir en cola para ver la película en la función vespertina.  Eso era el consuelo de muchos, tomar más de cinco horas, para decir con hazaña el lunes en el colegio: ¡Entré a la Matuna! Además de contar la película, se narraba las peleas que se armaban en la fila por los que se querían colarse, y muchas historias de película se tejían, tales como las niñas que conocíamos en medio de esos apretujunes.

Poco importaba que la cinta cinematográfica fuera regular o mala, pues se había materializado que el logro era, ser uno de los pocos entre miles, que teníamos como meta entrar al tan ansiado teatro de la Matuna, y así, cumplir  la cita del domingo con el cine. Ahí estaba el mejor  aire, el mejor sonido y la mejor silletería, y por supuesto la película más bacana de la cartelera en la ciudad. Ese era el consenso de los jóvenes de esos años 70 y 80.

Digamos que la anterior escena de la "película: Domingos, cita con el cine", se podía considerar positiva. La trama más crítica era cuando llegabamos a la cola para la función vespertina, tipo tres o cuatro de la tarde, ahí sabíamos que muy seguramente nos quedabamos por fuera, la baraja se sorteaba entre las películas del Padilla o el Rialto como segunda opción, pues las salas del Cartagena, Calamarí y Bucanero, siempre tenían cintas para gente adulta, pocas veces eran censuradas para menores de 12 años, o por lo general carecían de nuestras preferencias.

Aquella muchachada estaba apasionada de las producciones de acción, policíacas, de héroes, chinas y mexicanas. Estas últimas eran las películas que generalmente se exhibían en el Padilla y el Rialto. Allá eran donde quedaba ese domingo de cine, cuando los malabares de la fila para entrar a la Matuna terminaba en el infortunio.

Cartagena de Indias desde finales del SXIX fue una de las urbes que tuvo en su gente pasiones por las expresiones artísticas, y en especial por lo dramático y musical. El cine que reúne todos los artes existentes, por eso se llama el séptimo arte, también hizo sus galas en esta ciudad de forma paralela como se manifestaba mundialmente, pues los primeros teatros que tuvo la Heroica fueron testigos de esas históricas obras cinematográficas que se conocen como clásicas.

Desde hace mucho tiempo queríamos traer para esta sección Galería del Contraste, las salas de cine y los teatros que tuvo Cartagena como grandes salones de eventos, en especial el cine. Raúl Porto Cabrales, hizo una investigación en ese sentido que enlazamos con el siguiente documento: Génesis y Evolución del Cine en Cartagena.

Rodrigo Ramírez Pérez, director@vamosaandar.com 

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One thought on “Domingos, cita con el cine

  1. Wow!!! Mi querido Rodri, que “guayabo”me ha dado tu excelente artículo. Era otra epoca especial que hoy en dia es tan necesaria para nuestros jóvenes. Vivi mucho esta epoca, y la ame mucho mas por haber.trabajado 25 años coordinando el Festival de Cine al lado de Don V. quien fue el mas grande impulsis de todos estos sentimientos que plasmas en tu artículo. Bien Rodri, gracias por transportarme a esta bella época por muchos ya olvidada.

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