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Ciudad con 31 epítetos en 483 años…

Así han designado a Cartagena de Indias

Cantada una y mil veces, con todos los tonos sonoro y cromáticos del pentagrama musical de los mohanes de la bahía y de los tantos cuerpos de agua de esta urbe, una vez, fue “Karamairi o Calamar”, para luego dejarse llamar en la advocación de “San Sebastián”, olvidando el ritual de los Chimilas y Caribes.

Vuelve a los sueños de los aborígenes y toma por nombre “Cartagena de Indias”, se engalana la niña en medio de palmas, y deja que el mar trine con el permiso de las sirenas, cangrejos y alcatraces.

Deja que su suelo sea tálamo de los recuerdos de ibéricos, alucinados por los blasones. Felipe II, Rey de España la asigna con epítetos de alcurnia, para ser nombrada “Ciudad Muy Noble y Muy Leal”.  Se incrementan los delirios y se vuelve a las añoranzas, para olvidarse de la aborigen de sueños cantados por el río Yuma y es nombrada “Nuevo Cartago”. El llanto de las Antillas se une a la tristeza violenta del Caribe para clamar por los que tejen las palmas y conocen los senderos de los cangrejos que se anidan en el regazo de los manatíes, y permite que sea llamada “Ciudad de Plata”, tal vez en sinonimia con la Ciudad del Plata de Uruguay o por los nativos Chocoes y el canto de sus ranas que conocen los filones bañados por sus ríos subterráneos, venas argentíferas que duermen con los espíritus de los mohanes. Los aborígenes, levantan sus rostros al sol del Pacífico e imploran la bondad de los dioses de sus ancestros y vuelve ella, para llamarse “Reina de las Indias”. Se rompe el tejido de la palma del árbol Flecha y se ahoya en forma sacrílega el suelo de los antepasados, y se da por nombre maculado “La Ciudad de Don Pedro de Heredia”. El llanto de los muertos permanece en sórdido eco que retorna a dejar que los vivos tejan sus trenzas para atarse a los recuerdos de sus antepasados Iberia la exterminadora de sus altares y escrutadora de sus tumbas, hace megalitos para llamarla Antemural del Reino”. Se levantan voces y la señalan como matriz de América, vagina que da paso a migrantes de todos los continentes, y se erige como “Llave de las Indias”, en oración de Nicolás del Castillo Mathieu, quien la escruta en su historia y la entrega al mundo, para seguir siendo llamada, Ciudad Heroica, como bien la designó el Libertador por el suplicio a que fue sometida por el depravado Pablo Morillo en 1815. A Ella, a donde todos querían venir, tal vez para llenar sus bolsas, fue nombrada como “La Meca de Colombia”. Ésta que fue soñada por Miguel Cervantes de Saavedra como meta de sus ganancias laborales en frustración del Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Quedó virgen sin el toque del Cervantes y siguió alcanzando epítetos que la hicieron ser considerada por Bolívar como “Ciudad Redentora”. Le cantó el poeta del Cabrero en el regazo de su Soledad, para recordarle a Cartagena que era Redentora”.

Cartagena de Indias en los tiempos del ferrocarril, una historia de poco andar...
Cartagena de Indias en los tiempos del ferrocarril, una historia de poco andar…

Cartagena, por su poder de resiliencia antes los embates de conquistadores, piratas, filibusteros y corsarios, es llamada “Villa Inmortal”. La ciudad, sobrenada en medios acuáticos y la brindan como un anturio marino que azulea en el blanco de sus pétalos para maridarse con los corales de estolones sobresalientes, y se le da por nombre “La Perla del Caribe”.

En el silencio de la noche se vuelven a mirar las fortificaciones y los castillos, custodiados por fantasmas amables que muestran y leen leyendas de profanadores del silencio y arcanos de tesoros escondidos, protegidos por los grandes baluartes, es por esto llamada “Ciudad Baluarte de la República”.

Brilla el sol y se rompe la opacidad del mangle, se trunca la llegada del Corsario Vernon. Nada la perturba en el esplendor de sus Castillos y sus murallas, se aquietan las aguas para anidar al nativo que sabe hablar con las algas de la bahía. La ciudad queda tranquila y recibe el galardón de “Ciudad Invicta”.

Flamean banderas para cantarle en homenaje al Grito de Independencia del 11 de Noviembre, se oyen trinos de aves que saludan a los pescadores y vuelan hasta confundirse con las ninfas de las nubes, bajan y forman una marquesina donde se lee “Ciudad Gloriosa”.

Muestra sus murallas de piedras labradas, que guardan los pasos del hombre que intervino en la historia. Deja al descubierto anales señaladores de senderos perdidos, y es llamada “Ciudad Brújula de la Historia”.

Antes que llegara el hombre de Europa, Ella, ya existía trazada por crustáceos que sabían conversar en aguas profundas y convivir con los alcatraces. El Mohán de las islas era el heraldo de los que protegían los cuerpos de agua, conocía las diferentes lenguas de los que habitaban en las Antillas. Y fue llamada “Ciudad Legendaria”.

Su nombre ha sido tomado para ennoblecer calles, ciudades y personas que se brindan en aras del bien de comunidades. Cartagena, ciudad de valores invisibilisados por los que no sienten la grandeza de su historia. Ciudad de nombre en marquesinas para resaltar su grandeza, es por esto llamada “Ciudad Epónima”.

Y fue sacrificada por tiranos y perros de presa como Pablo Morillo, violador de   Derechos Humanos, quien instituyó un holocausto en que sacrificó a patricios cartageneros y miles de otros granadinos que lucharon por una Patria libre e independiente. La ciudad fue llamada “Ciudad Patricia.

Mostró valentía y así le cantó el Tuerto López: “Fuiste heroica en los tiempos coloniales, cuando tus hijos, águilas caudales, no eran una caterva de vencejos”. Eran hombres de lucha bravía y mostraban su pecho con valentía. Se le brindó el título de “Ciudad Espartana”.

Y aquí lucharon desde el barrio legendario de Getsemaní, los ejércitos de Lanceros y de su bahía del Arsenal, partió el Almirante José Prudencio Padilla, para alumbrar la nación con el faro de la libertad, lo que le concedió el nombre de “Ciudad Faro de la Patria” y luego “Puerta de la Libertad”.

El Tuerto López, volvió a tomar su lira y le cantó bajo los rumores de voces salidas del mar Caribe, labró sus poemas sobre el lomo de los horizontes que ocultan el sol de las tardes y la nombró “La Arcadia del Caribe.

La visionaron en la eternidad y no premonicionaron los extendidos caminos que debía recorrer la Arcadia, la miraron como el todo en su rostro moro tallado en alfanje y nunca pensaron en los orígenes de la periferia, para señalarla “El Corralito de Piedra”.

Trascendió el mar de las Antillas por los bordes del Caribe, quedó plasmada en la visión de los turistas, se dejó arrullar por zaguanes, aldabones y aljibes. Miró las paredes de cal y cemento matizadas por sudores olvidados y la UNESCO le dio el título de “Patrimonio Cultural de la Humanidad”.

Se conmovieron los que ganan por ser hombres estáticos que juegan al hechizo con la Constitución y dejan dormir el sueño de los justos, las sentencias de honorables que olvidaron la equidad y en un grito desesperado del padre de la Ley Emiliani, queda cincelada como, “Distrito Turístico y Cultural”. La ciudad se ha transformado en un hostal de mariposas con alas de vidrios multicolores en danzas nocturnas.

Hicieron fiesta de la sonrisa indiferente del cartagenero, se burlaron del llanto de los de la periferia y tiraron caracoles y cartas para jugar con la suerte de los que nunca le miran la cara al sol y pintaron de negro al negro para verlo mejor en la brillantez del olvido y llamaron a la urbe “Ciudad Fantástica”. Será por la paradoja de morir en la risa y creer en la eternidad de lo inconcluso.

Esta ciudad que se deja esculcar y arrancar las gónadas – erario por los que ganan en el trueque de sufragios por esperanzas de un pan miserable. Se le ha   nombrado “La Ciudad Iguana”.

Juan V Gutiérrez Magallanes, juanvgutierrezm@yahoo.es

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