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Cirugías del alma – Máximo Palacios

Nos guste o no, si hay algo que debe aplaudírsele a la etnia blanca es el enorme sentido de pertenencia que sus componentes sienten por el color de su piel y por el entorno de poder que, tarde o temprano, termina rodeándolos.
Máximo Palacios Orellano, colaborador.

Tanta estimación tienen por su naturaleza que, hace siglos, lograron imponerse como prototipo de la belleza universal, idea que reforzaron, siglos después, aprovechando el auge de los medios masivos de comunicación, sobre todo lo impreso y lo audiovisual.

Aunque, sea duro de aceptar, nosotros, los negros y los indígenas, muy poco hemos aprendido de ese grupo humano que ha llevado su hegemonía hasta los aspectos menos relevantes de la publicidad comercial, pues a simple vista se creería que los productos de la gran maquinaria consumista estuvieran destinados solo al disfrute del hombre blanco, gancho fundamental para que se piense que el resto de los mortales no podemos comprar (por decir lo poco) apartamentos y carros.

Al parecer, falta mucho recorrido para que a negros e indígenas nos crezca el sentido de pertenencia que le sobra a la etnia blanca. Por lo contrario: lo que parece crecer cada vez más es el deseo de parecerse al hombre blanco, especialmente ahora cuando las cirugías de rostros están al alcance de la mano.

Aún no se me olvida el caso de una joven artista, dueña de unos hermosos trazos indígenas en su rostro, quien aún así decidió que se operaría la nariz para matar a sus antepasados, pero a los pocos minutos de estar en el quirófano la muerta fue ella, y muertas quedaron sus aspiraciones de convertirse en blanca.

Antes y después de ella, fueron y son muchos los indígenas y negros que han muerto o han quedado defectuosos, o con problemas de salud, después de intentar cambiar sus rostros para imitar la etnia blanca, tal como lo hacen los artistas y demás personajes públicos del jet set internacional, entre los cuales también hay negros e indígenas de prestigio planetario.

Por eso insisto en que es digno de aplauso ese sentido de pertenencia que conserva la etnia blanca, porque hasta el momento no he sabido que alguno de ellos haya tratado de operarse la cara para intentar parecerse a un negro o a un indígena. Todo lo contrario: cuando se operan es para reforzar sus rasgos originales.

Otras veces no se necesitan intervenciones quirúrgicas, porque esas operaciones ya fueron practicadas en el alma desde la niñez. No sé si sucede con los indígenas, pero negros sí he conocido que se comportan como lo describe el periodista cartagenero Gustavo Balanta: “son unos cocos: quemados por fuera, pero blancos por dentro”.

Obviamente, como en todo, en este asunto también hay excepciones: indígenas y negros que están muy orgullosos de su herencia ancestral, pero sigue siendo lo no común. Por eso decía al comienzo que aún es mucho el sentido de pertenencia que hay que aprender de la gente blanca.

Máximo Palacios Orellano, mpalacios@vamosaandar.com
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