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Campante y sonante | Ulahy Beltrán

Ulahy Beltrán López, colaborador.
Ulahy Beltrán López, colaborador.

Cangrejo campante y sonante

Ya son varias las ocasiones en las que me he referido a este crustáceo que está afectando la salud y la vida de tantos colombianos cada año. El cangrejo está afectando tanto a niños como a adultos y ancianos, a hombre como a mujeres, a pobres como a ricos, en fin, ataca a quien se le atraviese en el camino, o mejor, sigue atravesándose en el camino de todo el que pueda.

Este animal definitivamente acaba la felicidad de quien ataca y la de su familia, daña su salud y corta su vida misma. La marcha de este cangrejo que lo hace campante y sonante, tristemente llega hasta los hogares de 1300 nuevos niños cada año, afectando las esperanzas de vida de ellos y de sus familias, acabando así con muchos sueños y expectativas.

Este cangrejo no es otro que el mismo cáncer, enfermedad que se está ensañando con niños, niñas y adolescentes en nuestro país, y por lo que ahora se ha conocido esta semana, está ganándole  la pelea al sistema de salud, o más bien, algunos actores del sistema de salud colombiano, están ayudándole al cáncer a ganar esa pelea. Esa es la conclusión que se deriva del informe presentado esta semana en Bogotá por el Observatorio  Interinstitucional de Cáncer Infantil (OICI) durante la conmemoración del Día Mundial contra el cáncer infantil, que ha prendido otra vez (¡por enésima vez!) las alertas ante el avance “ayudado” que este crustáceo perverso está teniendo en los hogares colombianos.

Informó el OICI que mientras en otros países el cáncer infantil tiene una sobrevida del 80 y hasta del 90%, en Colombia la sobrevida es sólo del 50%. Lo más grave es que esto ocurre no porque el cáncer en nuestro país sea en sí mismo más letal que el de los otros países, sino por las trabas administrativas que aquí padecen los pacientes pediátricos con cáncer para poder acceder a los tratamientos correspondientes. Se sabe que algo muy importante que marca de manera determinante el pronóstico y la sobrevida de un paciente con cáncer, precisamente es un diagnóstico oportuno y un tratamiento iniciado a tiempo.

Dentro de las diferentes barreras de acceso que aún se mantienen y que ha identificado el OICI están la demora en la autorización de servicios de salud de alto costo, falta de oportunidad en la asignación de citas con especialistas y la demora en la entrega de los medicamentos que no hacen parte del Plan Obligatorio de Salud.

Duele mucho saber que una población  vulnerable como la infantil, que en Colombia está constitucionalmente protegida y que además tiene una legislación específica para prevención, diagnóstico y tratamiento del cáncer, así como una Ley Estatutaria de Salud que definió el ámbito del derecho fundamental de la salud para todos los colombianos, siga siendo víctima de esta enfermedad en una proporción mucho mayor que en aquellos países donde no existe una normatividad protectora tan específica como la nuestra.

Al final, quedan unas reflexiones que deberían motivar al estado a tomar cuanto antes medidas correctivas que blinden de una vez por todas a esta población de muertes evitables e injustificadas pues con el conocimiento científico y la tecnología médica existentes en Colombia, sencillamente no deberían producirse estas muertes.

La primera es que aunque existan leyes que pretenden garantizar la atención de estos pacientes y preservar sus vidas, algunos actores del sistema de salud no las cumplen y quien los vigila tampoco las hace cumplir de manera oportuna.  La segunda reflexión es que a estos pacientes pediátricos se les sigue violando de manera reiterada y sistemática sus derechos a la salud y la vida misma. La tercera es que si no existiesen mecanismos legales como la tutela y el derecho de petición, los niños muertos serían mucho más, pues de acuerdo con el OICI, del total de casos seguidos, en más de la mitad  de dichos casos, las familias de los pacientes han debido recurrir a esos mecanismos.

Una cuarta reflexión es que con lo que está ocurriendo, es innegable la inequidad en el acceso a los servicios de salud en Colombia, pues a pesar que se definió que la universalidad, la integralidad y la calidad, serían características del sistema de salud de este país, esto no se cumple.  La quinta es que en Colombia el cáncer cobra más vidas de niños que las que debiera, por la negligencia de algunos actores que intervienen en el sistema de salud.

Por lo anterior, mientras que las normas sean seguidas sólo por unos pero por otros no, mientras que quienes vigilan actúen de manera reactiva y tardía ante dichos incumplimientos, a unos niños les irá bien pero a muchos otros no les irá tan bien e incluso morirán sin razón médica para que ello ocurra. Y mientras eso pasa, el cangrejo seguirá campante y sonante su marcha siniestra y perversa interrumpiendo la tranquilidad de los hogares colombianos y cobrando muchas vidas inocentes.

Ulahy Beltrán López, ubeltran@hotmail.com, @ulahybelpez

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