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Camino a Venezuela…| Rodrigo Ramírez

Rodrigo Ramírez, director de contenidos.
Rodrigo Ramírez, director de contenidos.

Hace más de 10 años dije que a Venezuela le esperaba una guerra civil por la forma como se polarizaba esa nación. Hoy cuando esas posturas encontradas son 50 y 50 en la gente y los estamentos del Estado; al tiempo que en los círculos de poder se observan choques de trenes, quien jala más para ostentar el dominio. Lamentablemente la confrontación armada interna se observa, en el peor de los casos, como la nueva y próxima realidad venezolana.

Dos posiciones graves llevaron a Venezuela a la crisis que hoy tiene a esa nación con los pelos de punta. La primera: Creer el gobierno chavista que subvencionar con el patrimonio de los venezolanos modelos políticos y económicos a otras naciones de la región para tener un bloque continental socialista que le haría al Estado venezolano ser una potencia con esa hegemonía. Pues no. Consecuencia, una grave equivocación.

Venezuela era y es un país en vía de desarrollo que aduras penas sostenía una economía con la bonanza petrolera que mantenía buenos precios en el mercado internacional. Error grave, proyectarse como potencia socialista a base de mentiras; sin planeación y sin visión financiera estatal que garantizara la estabilidad social y económica de los venezolanos. Y más grave aún, sostener una sociedad parasita con el excesivo asistencialismo para que sea papá gobierno quien les resuelva todo y de esta forma continuar en la conquista de seguidores, sin apostarle a la recompsoición social de una sociedad que además de polarizarse se descomponía con los altos niveles de delincuencia.

La segunda postura, no tomar las medidas económicas oportunas hace cuatro años atrás para evitar el descalabro económico que hoy mantiene a la nación en la crisis social y política aportas de una guerra civil. Todos los gobiernos pueden prever la crisis, al realizar los análisis del comportamiento de las economías a nivel global. Desde hace más de una década se viene hablando de la crisis del petróleo, que por ende comienza con la caída de su precio internacional, y Estados como el venezolano son sin duda los primeros en comenzar a sentir ese remezón. Y una de las formas de tapar el hueco era una reforma tributaria que no se implementó, seguramente para el gobierno era una medida impopular y no capitalizaba políticamente el asistencialismo.

Esas dos razones son la principal causa de la crisis social, política y económica de los venezolanos. Y lo peor, con una sociedad polarizada que se confunde cada día más en sus propias heces.

Camino a Venezuela hemos titulado esta reflexión. En Colombia estamos comenzando a asemejarnos al hermano país, con la diferencia que estamos en el momento de las decisiones que pueden evitar llegar a esa situación crítica. La Paz que es una necesidad nacional, lastimosamente hemos permitido que los politiqueros la conviertan en un fortín político. Un 20% de la sociedad que tiene la voluntad democrática de manifestarse en las decisiones populares vía voto, está polarizada 50 y 50, mientras que la gran mayoría, el otro 80% vive en el importaculismo (me importa un culo).

Pero los del importaculismo, pese de ser mayoría, con ellos no pasa nada políticamente, pero sí en lo social y económico. En términos políticos y de decisiones, en ese 20% están los círculos de poder, que hoy polarizan con la paz política a costa de sus intereses políticos a unos 12 millones de colombianos, de los 47 millones que habitamos el país, que al final seremos todos los que comeremos nuestras propias heces si se mantienen las malas determinaciones.

Y esos 12 millones, si seguimos el juego de los políticos vamos a terminar como Venezuela, polarizados y en guerra. Porque sí es verdad que tenemos 52 años en confrontación guerrillera que ha afectado las zonas rurales de la nación donde la presencia del Estado es casi nula. La guerra que se nos avecina será urbana. Con esto no estoy asumiendo una postura pitonisa, ni cabalística del mal futuro, sino que toda polarización es peligrosa; y no nos mataremos población civil con guerrilleros, sino los que queremos una paz de una manera y los que la queremos de otra forma.

Y si nos dejamos confundir con las mentiras y el odio, las masacres serán entre los vecinos, algo similar a las guerras civiles que han vivido otros pueblos, que también experimentamos en Colombia durante las décadas de los 30 y 40 del SXX, cuando se mataban los liberales y conservadores. Repetiremos la historia, porque tenemos mala memoria.

Y si en esa polarización se siguen diciendo más mentiras de que la reforma tributaria es para los guerrilleros desmovilizados, sembrándose odio con el bolsillo de los colombianos, donde más nos duele; al tiempo que sacamos al contraste el control a la corrupción como otra formulita para no implementar la reforma tributaria, algo imposible porque ser corrupto es cultural en Colombia, y se da a todo nivel, para eliminarla tomará mucho tiempo y cambios de generaciones si se toman desde ahora decisiones políticas sensatas y sistemáticas.

Mientras nos dilatamos en discusiones vizantinas, la previsión para enfrentar la crisis petrolera  sino se implementa, en definitiva estamos convocados a comer nuestras propias heces, como hoy lo vive Venezuela. Estamos en un callejón sin salida a nivel de la paz estable y duradera, y una suerte de mala muerte por la caída en el precio del petróleo, sino actuamos con sensatez y dejamos la polarización como argumento de lucha.

Un pueblo polarizado y engañado es sin duda una sociedad contaminada, algo así como una bomba de tiempo que en su cuenta regresiva sino hay sensatez en cualquier momento hace explosión e implosión.

Colombia y Venezuela, dos naciones hermanas con problemas sociales, políticos y económicos distintos, pero con una misma suerte: sociedades engañadas por sus politiqueros y polarizadas.

Rodrigo Ramírez Pérez, director@vamosaandar.com

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