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Barrio El Espinal

Paletas de Aurita o Cubos de Ambrosía

Casa de la Calle Real del Espinal

Después de una larga jornada académica en el Liceo de Bolívar de la calle del Cuartel. Los que vivíamos cerca a la calle Real del Espinal, buscábamos con angustia de sediento el néctar que nos brindaba aquella casa de dos pisos, de amarillo, con columnas de madera pintadas de verde, pigmento que armonizaba con el matiz del techo de truncada pirámide, donde el sol se menguaba  para  facilitar el fresco que recogíamos en los alares de aquella mansión, habitada por Aurita y su compañero  Israel González (estos personajes, ahora cuando el tiempo nos ha hecho más observador, los comparo con la inolvidable Frida Kahlo y Diego Rivera, tal vez por el parecido de ellos con nuestra pareja de la calle Real).

Nos guardábamos las monedas de centavo, eludíamos  muchas veces las chichas y las empanadas del “Pimie”, con el sólo propósito de alcanzar a  comprar las paletas a donde Aurita, eran de diferentes sabores, predominando las de “leche con pasas”. A través de aquellos almibarados cubos, sentíamos el sabor de la ambrosía que degustaron los israelitas en el desierto, ¡no nos cambiábamos por ninguno: éramos estudiante del Gran Liceo de Bolívar,  y además  empapábamos nuestras papilas con el sabor de las Paletas de la calle Real del Espinal.

Hoy, cuando en Cartagena se actúa bajo los parámetros de un Gentrificación Galopante, como así se muestra en el barrio de San Diego y así se está haciendo con Getsemaní. A Torices lo están  dejando en el olvido por parte del  Municipio, en lo referente a salubridad, para que los  nativos de allí se vean precisados a salir, y luego caerle las águilas de cuello almidonado.

Un análisis de la Gentrificación en Cartagena, además de plantearlo Ladys Posso, en su libro “La Casa Tomada”, es un tema , tocado también por Martín Caparrós(*), periodista y escritor argentino. …” no conozco ningún ejemplo, en el mundo hispano, más claro de Gentrificación que Cartagena: cuando una ciudad – o una parte importante de una ciudad- deja de ser un espacio para que vivan personas y empieza a serlo para que personas vayan a pasar unos días, a pasear, a consumir, digamos. Y en Cartagena , como suele pasar en estos casos, nadie lo discutió, nadie lo decidió- y dejan esas decisiones a fuerzas  más directas; los dueños de las cosas, los empresarios, los famosos mercados”.

Al palacio de las paletas, le han iniciado su muerte, han puesto grandes vallas para irla derribando lentamente y la nostalgia no sea mayor, como así lo hicieron con la casa de Amaté, dónde se sublimaban los orgasmos,  estaba en la esquina lateral, dejaba el paso para llegar a la Placita de los Perro y poder fijar la vista en la entrada al Castillo de San Felipe .

La calle Real del Espinal, está dejando de hacer parte del barrio del Espinal, esa que anidó los sueños de compañeros: Guerrero, Víctor Lozano (f), y Alberto Valencia(f). Porque  los barrios dejan de ser como tales, cuando se  eliminan los pasos de los que  contaron sus anécdotas en las esquinas o amarraron sus adioses a  la niña imaginada. ¡Hoy hay un llanto por San Diego y el Circo Teatro!

Diagonal a la casa de la niña Aurita, la de las paletas de ambrosía, está la familia Moreno, aprisionando los recuerdos y  regalando la imagen que tenía la calle, cuando entraba el tren a los talleres, pasaba por el Puente, dejando su grito, para que hiciera parte de las melodías del  maestro Pianeta Pitalúa y los deletreos de Héctor Galván.

Juan Vicente Gutiérrez Magallanes, juanvgutierrezm@yahoo.es

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(*) Martín Caparrós  -La belleza, sus riesgos. Revista Semana, Cartagena LA FANTÁSTICA.
 

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