Bucanero

Antonio Romero, colaborador.

Veinticinco años del Bucanero de Oro (Artículo de Acera Izquierda)

Por Antonio Romero, antoniobronstein@yahoo.es

Con un balde y una botella llena de piedritas, Alberto Puello, canta en los buses de Cartagena. En sus buenos tiempos lo llamaron El Halcón y fue un tremendo sonero en la Orquesta del Nene y sus Traviesos. Los cartageneros del Siglo XXI lo ven y ni se imaginan que él fue parte de un reciente esplendor musical que – poco a poco – fuimos perdiendo.

Eran los años 80, en las emisoras, en las fiestas de los colegios y en la rumba de Cartagena, las canciones que sonaban eran en su mayoría hechas por agrupaciones de la ciudad. La lista es inmensa: ‘Tatiana’ y ‘Sandunga’ de los Hijos del Sol; ‘Algún día’ de la Orquesta Barbacoa de Juan Álvarez en la voz de Arnold Medrano; ‘Se formó la rumba’, ‘Sonrisas’ y ‘A pleno sol’ de los Inéditos de Colombia con la voz de Rammy Torres; ‘Dile que vuelva’, ‘Qué bonito estar enamorado’ y ‘Llora corazón’ del Príncipe de Barú, Hugo Alandete y el Grupo Melao; ‘Va pa esa’, ‘Fidelina’ y ‘Zamba en Palenque’ en la voz de Nando Pérez; ‘Coroncoro’y ‘Mambo E’ de Emilia Herrera; ‘Mambaco’ de Irene Martínez con los Soneros de Gamero; ´La mujer ajena’ y ‘A pilar el arroz’ de Son San; ‘Sapo’ de Son Palenque; ‘Linda Bocachica’ del Grupo Güiro; ‘El buscapie’ y ‘Martica’ de Son Cartagena cantando el Cone Alean; ‘Permiso’ de Anne Swing; y ‘Fuma el barco’ y ‘Sobre las olas’ de Joseito Martínez; entre otras.

Todas estas agrupaciones de los 80 eran tributarias del decenio anterior en el que habían reinado Michi Sarmiento, Lucho Pérez y Clodomiro ‘Puerto Rico’ Montes. De allí venían los grandes como el Nene y sus Traviesos (‘El ventanal’ y ‘Patacón pisao) y Joe Arroyo con la Verdad (‘El tumbatecho’ y ‘Rebelión’).

Era una ciudad que crecía en torno al muelle y a la zona industrial de Mamomal, al beisbol y al Festival Internacional de Música del Caribe, a los picós y la radio AM: Emisoras Fuentes, la Voz de las Estrellas, la Voz de las Antillas y Radio Bucanero. Una ciudad en la que los muchachos querían y podían ser músicos, beisbolistas, obreros de Mamonal o empleados de Puertos de Colombia.

Al porro y la cumbia, a los viejos jíbaros y a las clásicas de la música antillana, se sumaban en esos años 80 las champetas africanas, la salsa romántica, las canciones de la Sonora Ponceña, el Conjunto Clásico del Caribe y el Gran Combo de Puerto Rico, los conjuntos de acordeón – cuyos seguidores se dividían entre ‘binomistas’ o ‘diomedistas’ – y el merengue de Wilfrido Vargas.

Pero en la ciudad había un movimiento musical que se imponía en las esquinas y en los buses, que entonces guardaban en su iconografía la identidad de los barrios. Un movimiento que era algo más que música local, del cual hacían parte el Grupo Raíces de Barranquilla, Checo Acosta de Soledad y Juan Piña de San Marcos, Sucre. En ese entonces el Congo de Oro era el galardón más preciado para los músicos del Caribe Colombiano.

Fue así como nació el Bucanero de Oro, un festival musical que reuniría a más de medio centenar de agrupaciones musicales de la ciudad y de los municipios vecinos. Creado desde Radio Bucanero por Cheo Romero, Mincho Paternina y Hernando Pava.

El Bucanero de Oro se realizó en 1987, en la Plaza de Toros Cartagena de Indias del fundamental barrio Olaya Herrera. La memoria es frágil y tal vez no hay precisión en cuáles de las agrupaciones mencionadas se presentaron, pero recuerdo que por esos años sonaban orquestas como Sonido Bestial del INEM, Maguaré Caribe de Amaury Bonfante, las Orquesta del Rey Arturo y Kuzimba Bongó de Hernán Hernández; y conjuntos de acordeón como Julio Rojas con Miguel Herrera, Otto Serge y Rafael Ricardo, Ramón Vargas con Amadis Alcalá y Pura Sangre.

Por las graderías de la Plaza de Toros se decía que aquella maratón musical jamás se borraría de la memoria de quienes habitábamos la ciudad. Hugo ‘Sabor’ Alandete interpretó el himno del Bucanero de Oro, que decía: “Hoy se escucharán / voces de soneros / son de esta ciudad / son patrimonio cartagenero”.

Pero esos tiempos pasaron y aquellos artistas se fueron con la crisis de la ciudad, con la privatización del puerto y de las empresas de servicios públicos domiciliarios, con la decadencia de la zona industrial y con la hegemonía de las FM, cuya programación se hace desde ciudades andinas. El Bucanero de Oro, ese evento que ya pocos recuerdan, encierra en su silencio una generación que con orgullo nos hacía cantar: ‘A que no adivinas de dónde soy’.

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