¿Vivimos en equilibrio?

Rodrigo Ramírez Pérez, director Vamos a Andar.

Por Rodrigo Ramírez Pérez, director@vamosaandar.com

El escándalo noticioso del pasado fin de semana referencia una nueva desproporción del respeto y el ejercicio de la autoridad. Pues quienes deben ser ejemplos no lo dan, entonces cómo podemos confiar en las instituciones.

Me estoy refiriendo al general Óscar Pérez Cárdenas, quien pese de ser un excelente policía en la lucha contra la delincuencia en Barranquilla, no tuvo el mismo equilibrio al considerar injusto la divulgación pública de otro hombre ejemplo del Estado, el senador sucreño, Eduardo Carlos Merlano Morales, quien en la madrugada del 13 de mayo se negó a una prueba de alcoholemia, además de conducir sin licencia e intimidar a los uniformados que cumplían ejemplarmente su misión: evitar que irresponsables borrachos al volante incrementaran las cifras de la accidentalidad.

No entiendo el desequilibrio del alto oficial, que en vez de premiar a sus hombres por hacer que la ley no sólo es para los de ruana, sino para todos sin distingo, intimidó e insultó a sus hombres ejemplos. Esto sí que es una desproporción.

No voy a entrar en los detalles de lo que todos, de hecho vamos argumentar, tanto el senador como el alto oficial son personas ejemplos del Estado y sus actitudes demuestran que el poder es para ejercerlo con privilegios y no en la auténtica balanza de la justicia.

Esto me permite considerar que vivir en equilibrio es ser consecuente con lo que se es. Los errores son humanos pero cometerlo a conciencia ya no es de ejemplaridad para la humanidad. Popularmente decimos que la mujer del César no sólo debe aparentarlo sino serlo.

Entonces si Ud. se considera un ciudadano, sus actitudes debe ser de ciudadanos. Si no posee licencia para conducir -salvo que esté en una auténtica emergencia y sea Ud. el único que pueda manejar el carro-  no sea irresponsable al asumir el volante del automotor y mucho menos hacerlo bajo sustancias alcohólicas o alucinantes.

Si Ud. es una persona que representa el Estado, además de ser ejemplo, sus decisiones e incluso sus opiniones hasta privadas deben ser ajustadas  la normatividad y legalidad del Estado que representa.

El privilegio de las leyes es que se cumplan sin distingos, pues así la sociedad las respeta y cree en ellas. Si seguimos asumiendo que las leyes son para los de ruanas y pa’ los ladrones de gallinas, seguramente tardaremos mucho para ser una sociedad en equilibrio.

Creo que muchos de nosotros llevamos por dentro un poco del senador Merlano y otro tantico del general Pérez, pues creemos que porque tenemos cierto distingo al alcanzar determinadas metas en sociedad o porque mi papá o mi familia tienen un reconocimiento, la ley para uno no aplica y me la puedo pasar por la faja.

Actuar con equilibrio es fijarse en el centro de la balanza para no incurrir en injusticias, suena utópico pero en las sociedades más civilizadas, donde hay más ciudadanos que habitantes, sus normas son rigurosas y por ello totalmente respetables.

En conclusión, no hay que esperar a ser representante del Estado para tener el don del ejercicio de la autoridad y dar ejemplo. Como ciudadanos somos ejemplos, por ello, si no tienes licencia para conducir jamás conduzcas un carro; si te tomaste unos tragos, entrega las llaves; en fin, evita al máximo dar el mal ejemplo en todo lo que demuestra irrespeto a la normatividad. Jugar limpio, siempre es grato, actuar con equilibrio es autosensatez. Porque al final, el senador y el general hoy no sólo tienen vergüenza con la sociedad, sino con su conciencia.

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