La primera vez que me subí a una mototaxis, eso hace como nueve años, me pareció una solución buena, pero la segunda vez, ya lo cuestionaba y de ahí en adelante comprendí que el problema no era de transporte sino social, era un asunto de generación de ingresos.
Mucha gente en Cartagena de Indias y casi todas las capitales del Caribe colombiano y otras ciudades del interior del país, han encontrado en el mototaxismo un estilo de vida informal, este “enano” se creció y no sólo resuelve la economía de miles de desempleados y otros sin oficios, sino que también es una alternativa de nuevos ingresos para algunos dueños de motocicletas, que también sacan de sus momentos de descanso espacios para sumar unos pesos más a sus bolsillos. Esta situación es igualmente homologada por taxis colectivos, que además tienen sus competencias con muchos carros particulares que “piratean” con el servicio exclusivo de taxis.
Hay otros modelos de este estilo de vida informal, como la parahotelería, la venta de minutos en las calles y qué decir vendedores ambulantes a todo nivel, pues todos ellos tienen una representativa, yo diría que mayúscula, incidencia en los motores de la economía de la sociedad.
En estas reflexiones no me voy a detener en identificar los culpables y la ausencia de políticas estatales, para que esta informalidad como estilo de vida sea uno de los mayores patrones de sociedad en Cartagena de Indias y otras ciudades colombianas, me voy a centrar cómo nos integramos a ella y lo poco que hacemos para cambiarla.
Porque el asunto es de actitud ciudadana, si tenemos un pensamiento progresista, seguramente seremos más formales, más apegado a la legalidad. Pero si nuestro pensamiento es de rebusque, seremos lo que somos, una sociedad con un estilo de vida informal.
La informalidad no dignifica, es subterránea y vulnera la legalidad, es anti institucional y le resta credibilidad a la auténtica funcionalidad del Estado. Ser informal siempre nos lleva a tratar de encontrar salidas por los callejones tramposos; ser informal puede significar, símbolo de poca confianza; ser informal nos ubica en el plano de un servicio muy regular, aproximándose a malo.
Por eso cuando estos estilos de vida informales hacen carrera, la fractura que sufre la sociedad es como la que sufrimos los humanos cuando lesionamos nuestra columna vertebral. El tema no será fácil de resolver.
Sin embargo hay unos pasos importantes en la legalización de la informalidad en Cartagena de Indias, donde muchos de los vendedores ambulantes que por años hicieron uso del espacio público, hoy se concentran en nuevos centros comerciales con otro estilo de vida, pero algunos de ellos todavía no se acostumbran al pensamiento de la formalidad.
La formalidad es una cultura, que se adquiere si se tiene mucha voluntad, y no quiero ser pesimista, la subsistencia del día a día no da espacio para pensar formalmente y mucho menos permite que florezca la voluntad, y es que quienes han hecho carrera en la informalidad miran a la formalidad como su gran enemigo.
Pero hay un elemento más triste del pensamiento informal, algunas personas tiene fachada de formal porque aparecen legalmente constituidas en el comercio y en la sociedad, pero en el fondo sus grandes actividades son informales y algunas hasta delictivas, todo porque le es más rentable, y se camuflan para vivir de las apariencias.