La cultura de la trampa

Rodrigo Ramírez Pérez, director.

En la pasada elección presidencial, la mayoría de los colombianos eligieron a Juan Manuel Santos porque representaba la continuidad de los ocho años del uribismo, aspecto que no ha sido del todo cierto. Santos en este año y medio decepcionó a muchos pero sin embargo a otros les sorprendió porque ha ejercido un mandato con más equidad y menos populismo. Yo diría, lo ha hecho mejor que Uribe.

Por lo menos hay respeto a la institucionalidad, y eso es un buen ejemplo; se está haciendo justicia con las víctimas de la violencia y hay una lucha muy frentera para destapar las “joyitas” de la corrupción en la salud, Dian y otras instituciones estatales. Pero falta mucho y es mucho lo que se debe depurar. En lo militar la
situación dista mucho del show mediático del antiguo gobierno, y por ello algunos consideran que han reaparecido los grupos armados a imponer su justicia injusta en algunas zonas del país.

Este buen ejemplo de la cultura de la trampa, muy pocas veces es así, Juan Manuel se disfrazó de Uribe pero no es Uribe. En este caso Juan Manuel ha sido mejor de lo que fue Uirbe, es mi opinión personal, hago la salvedad. La mayoría de las veces la cultura de la trampa, es como debe ser, disfrazarse de cordero para finalmente ser lobo. ¿Cuántas veces lo hemos vivido en muchos aspectos?

En lo personal muy pocas veces he hecho apología a la cultura de la trampa, todos de alguna manera la hemos practicado, aparentamos lo que no somos para conseguir un logro, algunos objetivos sanos y otros perversos para no decir maliciosos.  Pero es mejor ser siempre legal y mostrar las cartas del juego desde el  comienzo, creo que ese es un principio de honestidad que a muchos nos hace muy bien.

Voy hablar de mis sospechas y temores, nada de lo que voy a argumentar es 100 por ciento probable, sin embargo dejo constancia de que mis opiniones son el sentimiento colectivo de muchos cartageneros, porque coincidimos en la misma duda, espero que tú también coincidas conmigo, lo que voy a sustentar es muy serio.

El disfraz de popularidad del candidato a la alcaldía de Cartagena, Campo Elías Teherán Dix, no significa que será el mismo pueblo populacho que gobernará como lo pueden estar asumiendo sus ciegos seguidores que lo endiosaron por su intermediación para la solución de problemas comunitarios, que por desidia las autoridades y organizaciones responsables no cumplían y esperaban que les acusaran de irresponsables para finalmente dar respuesta a la gente necesitada. Porque aquí también opera muy bien la cultura del garrote: “si la puerca no chilla, yo me sigo haciendo el loco”.  Con ese modelo de intermediación y con la ramploría, más la chambonería que son alimentos de lo populacho, miles de cartageneros por más de cinco años encontraron en Campo Elías un resuelve problemas de las comunidades. La verdad que ese elemento es válido y loable, yo diría que muy respetable.

Pero ese sentido popular, en el buen uso de la palabra no es el mismo ni es hoy el verdadero sentir de los cartageneros más necesitados. Otros ciudadanos coincidimos que el disfraz es otro y puede obedecer al verdadero trasfondo de usar la  populachada del informativo irreverente, chambón e irrespetuoso con fines politiqueros desde el comienzo, es decir era toda una estratagema. Porque no era necesario que Campo aceptara reconocidos polítiqeros, sencillo no los necesitaba y sin ellos ganaba con dignidad, pero hoy, pese de los altos niveles de favorabilidad, se expone a ser el gran derrotado. Cartagena ha dado sorpresas electorales en varias oportunidades y es que cada día el candidato muestra como se le cae el disfraz de cordero.

Particularmente creo que esas malas compañías que se filtraron en la campaña de Campo Elías, que todo el mundo sabe, más el ingreso de muchos oportunistas finalmente será la auténtica cultura de la trampa para la ciudad. Personalmente presumo que Campo es un camaleón y mi sospecha me dice que su prepotencia sería insoportable si es elegido alcalde, que su poca prudencia hará evidente su incapacidad para gobernar. Por eso los lobos disfrazados de corderos que hoy están camuflados, sacan las tulas de billetes y apuestan sin miedo convirtiendo la campaña en opulenta y nada de popular.

Sospecho que esa cadena de oportunistas por querer sacar provecho del erario público tendrán las más  intestinales luchas por sus beneficios personales que por las auténticas necesidades de los cartageneros, de esos mismos que hoy gritan, arengan y defienden a capa y espada a Campo, convencidos que hay campo para todos.

Mi sospecha me asalta y me rodea, me sitia y me obliga a escribir con valentía esto que narro. Yo sólo defiendo los intereses de los cartageneros que amamos a esta ciudad; los que nos gusta disfrazarnos con la cultura de la trampa para el bien, pero sobre todo los que mostramos la carta del juego desde el principio. Los que no aceptamos que nos sobornen, los que nos aliamos para defender las buenas causas, los que rechazamos a los lobos disfrazados de cordero, los que vemos oportunidades en las dificultades y no los que buscan las oportunidades con oportunismo, los que no nos da miedo decir la verdad, sin importar que pueda perder.

Es  probable que yo esté  equivocado: Que aquellos que  apuestan elegir a Campo Elías; a esos que he señalado de oportunistas y a los financistas (reconocidos inversionistas de la politiquería) que todos conocemos  estén pensando en trabajar para el bien de Cartagena. Igualmente Campo Elías tendría las mejores intenciones con la ciudad. Pero no sé,  las evidencias me dicen lo contrario y es por eso que me niego a respaldar a esa campaña. No me ha llamado Campo, pero sí me lo han dicho algunos amigos que prestan sus servicios a esa propuesta de alcaldía, pero  mi sospecha me dice que me mantenga en la necia posición, porque mi dignidad no se negocia.

Convencido de mi necedad y de mi sospecha, el día de las elecciones no seré el responsable de elegir a la cultura de la trampa, ni saldré a criticar,  ni mucho menos a señalar quienes fueron a las urnas como mamertos, porque desde ahora estoy haciendo la oposición reflexiva para no tener que repetir la lección. Porque de una cosa sí estoy seguro, Cartagena necesita gente que le represente dignidad.

Noticias pasadas, muy interesantes:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

PUBLICIDAD 1
PUBLICIDAD 2