Maestros

Pedro Cuadro Herrera, investigador y escritor.

Los maestros de Colombia deberían ganador dos veces más

Sebastían Salgado Cáceres, mi compañero y entrañable amigo de aula en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia – Tunja, palenquero criado en Cartagena, poeta extraordinario de  quien puedo decir que  escribe en creolle y en español con la misma fuerza narrativa y poética de Artel, Guillén  u Obeso, hace años ya, envuelto en una demencia como las luciérnagas en una noche de San Basilio que lo llevó a una jubilación temprana cuando ejercía la noble tarea de dejar aprender idiomas(Inglés y Francés) y Literatura colombiana en los salones del Inem de Cartagena de Indias, después de algunos años, tal vez meses, días, no sé… o tal vez sin tiempo ni distancia porque siempre ha sido motivo de inspiración en mis días más sufridos en esto de escribir y de tratar de componer un verso, acaba de enviarme  un texto del psiquiatra  brasileño Augusto Cury, cuya semántica educativa, según él, le recuerda nuestros días primeros cuando todavía nos saltaban las ganas de polemizar y de “pelear” tratando de  conseguir un cuerpo que llevara a la educación a convertirse en el elemento energético que todo país necesita.

En ese momento, y creo hoy aún, los maestros de Colombia, como tantas veces lo afirmamos  en la Pedagógica de Tunja, deberían cobrar dos veces más y trabajar la mitad.

Esto no es una metáfora. Ya sé qué están pensando. ¡Claro!  - dirían ustedes- ¿qué puede salir de un palenquero y un cartagenero? ¡Pereza pura, carajo! ¡Pues no, están muy equivocados!- Hoy casi cuarenta años después, el exitoso psiquiatra en cuestión, repite la frase y nuestras reflexiones toman fuerza, dice Sebastían, cuando habla de la crónica del brasileño.

Para ese momento y aún lo creo, repito,  dije que  no son  la geografía, ni las matemáticas, ni la física y es que… tal vez, ni la historia, las que  tengan que ver con el desarrollo armónico de nuestros educandos. ¡herejía, grandes herejes! nos  gritarán los más avezados pedagogos, academicistas de raíz que pululan por todas y cada una de las instituciones educativas de todos los niveles de este país. ¿Quién escuchó esa voz de dolor y desesperación en esos años primeros de nuestra profesión? ¡Nadie!.

Veamos qué sucede hoy cuando continuamos diciendo que preferimos centrarnos en la empatía, en la libertad creativa, entendida por el extraordinario psiquiatra brasileño, como humanización del conocimiento. Adiós , decíamos con Freire y con Donald Thompson, nuestro orientador en Boston  y asesor de  Paulo Freire hasta su muerte,  a las cantidades de basura bancaria de conocimiento.

Hoy, internet nos da la razón con mayor ímpetu y casi con una soberbia sobrenatural. Y hoy, más que nunca la plataforma informativa de nuestra educación actual, vuelca todo su interés en continuar depositando cantidades de información y sólo lo que está encontrando en el camino es la estructura triste de seres enfermos que como Cury afirma, “perpetúa personas enfermas para una sociedad que se ha convertido en un hospital psiquiátrico” tratando con leyes y nada más,    de conseguir el prestigio que todo profesor merece cuando en realidad, la fórmula del éxito radica en que se reconozca y que , por supuesto, los verdaderos pedagogos se auto afirmen en su espejo de reconocimiento para que la biunívoca relación docente – familia, tome la fuerza que permita una estrecha vida  entre padres e hijos principalmente.

A veces, dizque para no hacer sufrir a nuestros hijos, les ocultamos nuestros fracasos y frustraciones y sólo acudimos a los éxitos en nuestras vidas. Error. Error que trasciende al campo de la pedagogía porque también los profesores queremos envolver en un mundo de eterna fantasía a nuestros educandos cuando la vida está llena de tantas aceleraciones reales e imaginadas, capaces de contradecir lo anterior.

Debemos, por consiguiente, poner al estudiante a la ventana de una promoción que proteja sus emociones   para que las vuelquen  en sus manifestaciones artísticas y personales abriéndose espacios  de libertad creativa y aventura intelectual.  Es cierto que en Colombia, como en todo el mundo, el profesor ha venido perdiendo autoridad y con leyes se ha querido remediar la situación.  Otro error. Y lo que es peor: se le achaca esto a los estudiantes. Error, otra vez.

Tal y como lo afirmamos en nuestras consideraciones de la Pedagógica, estos jóvenes padecen de un síndrome que para ese momento llamamos Acción Acelerada del Pensamiento y que ahora el doctor Cury llama Síndrome del Pensamiento Acelerado cuyo trabajo en los jóvenes no es otra cosa que la transformación mercenaria de ser los nuevos consumidores de productos y servicios y no de ideas, mucho menos de sensibilidad.

Entiéndase bien. Sensibilidad. No sensiblería. La sensibilidad como potenciación de profundas emociones y de una gimnasia mental, aleja al joven de la ansiedad, irritabilidad, de la falta de respeto a las reglas por el irrespeto a la autoridad del maestro. Esto, es bien sabido, no se resuelve con más leyes sino con que se cambie la educación por completo, con una educación más humanizada.

Cuando me refiero a la pérdida de autoridad en algunos maestros, me refiero a aquélla no impuesta sino a aquella que nace del interior no para controlar  como gendarmes sino para formar seres valorados por la sociedad y respetados por toda la comunidad. Por supuesto que la autoridad debe marcar la relación profesor-estudiante.  Los profesores deberían ser tratados con dignidad, tener más libertad no para controlar sino para estimular el arte de pensar, para que se conviertan en protagonistas y no víctimas de la historia con un alma activa y no pasiva, para lo cual deben primar la autoridad y el afecto.

La amistad que yo defiendo, que defiende Sebastían y la que Cury defiende también, no es ser permisivo con los hijos, no es sobreproteger a los hijos o dejar que los hijos manipulen a los padres y a los maestros. Hoy los hijos están manipulando a los padres y a los maestros también. Ser amigo significa construir una imagen excelente en los hijos, abrazar más, ser más cariñoso y más generoso; y al mismo tiempo, saber poner límites, aprender a decir no…  Es decir, establecer un equilibrio entre autoridad y afectividad.

Ese equilibrio no parece fácil. No lo es. Pero si no lo hacemos, ¿cómo vamos a preparar a nuestros hijos  y estudiantes para enfrentarse a los desafíos de la vida, las crisis, las angustias, las decepciones… si no preparamos a nuestros hijos para relacionarse con otros seres humanos? No lo hacemos si nos basamos en un manual de reglas muy estricto y superficial, y tampoco lo hacemos si somos muy permisivos y les compramos todo. Así, sólo formamos a consumidores que sólo son números de una tarjeta de crédito.

Es cada vez más habitual la crueldad entre niños y jóvenes y la falta de sentimientos ante el dolor de los demás. Hay una creciente falta de empatía, de ponerse en el lugar del otro. Es una de las funciones más importantes de la inteligencia y no está siendo trabajada. ¿Qué se debería hacer? Padres y profesores deberían acompañar a niños y adolescentes y mostrar la vida de las personas menos favorecidas: desempleados, ancianos, personas enfermas…

Si no entrenamos a nuestros hijos centenares de veces en ello, esa capacidad no se desarrolla. Produciremos así líderes que serán auténticos desastres, que “mirarán sólo su propio ombligo”. No todas las personas podemos tener ni grandes carreras ni grandes trabajos ni grandes reconocimientos. ¿Cómo se puede enseñar en la sociedad del triunfo a vivir sin él?

La sociedad actual está obsesionada por el triunfo, por el podio, por el número uno. Pero apenas algunas personas podrán llegar. Podemos ser el número 10, el número 100 o el número 1.000 con dignidad y felicidad, y eso se puede y se debe enseñar. Por desgracia, la agenda paranoica de la sociedad estimula lo contrario.

“Los padres como los maestros tenemos  que ser los mejores amigos de los hijos, pero eso no significa permisividad o sobreprotección”.

El enfrentamiento entre padres y profesores es la tónica general en todo el mundo. En todas las naciones hay más agresividad: más agresividad entre padres y profesores, entre padres e hijos, y entre los propios alumnos. Según distintos estudios, entre el 6% y el 40% de los niños o adolescentes de todo el mundo han sufrido en alguna ocasión algún maltrato psíquico o físico. Esto se debe a que la sociedad moderna se ha convertido en un gran hospital psiquiátrico, dice Cury.

Lo normal es estar irritado, nervioso, tenso, no tener paciencia, no ponerte en el lugar del otro… Lo contrario es lo anormal: ser empático, abrazar más, hacer de cada día un momento mágico… Los padres deben preparar a sus hijos para que entiendan el teatro de la vida. Sinceramente, me parece que muchos padres están preparando hijos enfermos para una sociedad enferma.

Los buenos padres dan a sus hijos regalos, los padres brillantes dan a sus hijos su historia personal. Los buenos profesores preparan a los alumnos para el éxito, los profesores brillantes preparan a los alumnos para los días más difíciles, para transformar lo negativo en energía creativa. Todas las personas pasamos en nuestra vida por situaciones muy estresantes e imprevisibles.

Tenemos que aprender a proteger nuestras emociones. Las claves son varias: aprender a dar sin esperar algo a cambio, a entender que detrás de una persona que hiere hay una persona herida, no exigir demasiado a los otros y ser más flexible. Muchos líderes, muchas personas de éxito no saben proteger sus emociones porque no son flexibles. Tienen la necesidad neurótica de tener siempre la razón y de que todos graviten a su alrededor. Eso es muy perjudicial. Hasta pronto.

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