Primer acto de independencia

(Foto, Prensa Alcaldía de Cartagena de Indias). Escena de la obra "El exilio" del grupo de danza Atabaques.

La noche del cuatro de febrero se llenó de arte para recordar en la memoria de histórica: 200 años del inicio de los actos de la independencia, porque un día como ese, hace ya un bicentenario un puñado de valientes cartageneros manifestaron por vez primera la independencia de España.

Por ello la Plaza de la Paz en Cartagena de Indias, un nuevo espacio frente al legendario monumento de la Boca del Puente o Torre del Reloj, que el ex acalde Guillermo Paniza creó hace unos 15 años, para que cartageneros y visitantes tenga un nuevo lugar que les permita disfrutar la ciudad, fue el escenario una vez más testigo de la historia.

Los que asistieron a la ceremonia consideraron esa noche del cuatro de febrero como emocionante y  jubilosa, por que se recordó esa expresión de libertad que finalmente se concretó en un gesto valeroso el 11 de noviembre de 1811.  Con música,  tambores y fuegos pirotécnicos al  firmamento de Cartagena se le adicionaron nuevas estrillitas y globitos de mil colores.

Esta inolvidable, que se convirtió en el inicio de la agenda de los actos de celebración del Bicentenario de la Independencia de Cartagena de Indias, la ciudad  cuna de la libertad de Colombia.

(Foto, Prensa Alcaldía de Cartagena de Indias).

La presentación de la obra “Exilio”, del grupo de danza Afrocontemporánea Atabaques, dirigido por Wilfran Barrios y producida por Rafael Ramos, fue largamente aplaudida por una plaza que estuvo llena y expectante. La puesta en escena fue espectacular. Sonidos de tambores, con canciones en la voz de diosa de Cecilia Silva.

La obra es una danza afrocontemporánea en la que la temática del viaje y la travesía impuesta cobran sentido como referentes simbólicos e históricos articuladores de las reivindicaciones colectivas de la identidad “afro”; de sus luchas y aportes en el logro de la libertad y del proceso de apropiación y adaptación en una nueva tierra.

Hace un llamado intrínseco al “origen africano” de la población negra y a su desarraigo, vivenciado nuevamente como consecuencia del conflicto armado, resurgiendo de esta forma el proceso de expulsión de los territorios ancestrales.

No faltaron dos canciones inmortales para Cartagena. Una del Joe Arroyo, (‘Rebelión’) ‘Oye, men’ no le pegues a la Negra’; y la otra que se convirtió en un himno de la ciudad: El Getsemanicense, de Lucho Pérez.

“El calendario de conmemoraciones que hoy se inicia, estará en función todo el año de indagar por las raíces históricas de nuestro destino como pueblo, afianzar nuestra identidad y sentar las bases para construir un presente y un futuro más próspero, una sola Cartagena, como ha sido nuestro sueño y el de muchos cartageneros y cartageneras que hace 200 años dieron, incluso, la vida por ello”, dijo la Alcaldesa Judith Pinedo, visiblemente emocionada.

Discurso de la alcaldesa

Bicentenario de la Independencia de Cartagena de Indias: Por una memoria de carne y huesos.

(Foto, Prensa Alcaldía de Cartagena de Indias). Alcaldesa, Judith Pinedo Flórez.

Creo que debería comenzar agradeciendo a todo el santoral, tanto al Yoruba como al católico; a nuestra virgen de la Candelaria cuyas fiestas en estos días celebramos, el que mi período como Alcaldesa Mayor de los cartageneros y cartageneras haya coincidido con la celebración de los 200 años de vida independiente de la ciudad. Nada me llena de mayor orgullo que ser parte desde la administración de la conmemoración de este  evento tan significativo para la memoria histórica de Cartagena. Desde hoy 4 de febrero y durante todo el año, todos los cartageneros y cartageneras sin distinciones de ninguna índole están invitados a sumarse a los actos de la celebración del Bicentenario de la Independencia de su ciudad.

Hace 200 años, varios cartageneros y cartageneras dieron claras muestras de su interés por lograr un mejor destino político y social para ellos y sus descendientes. Un día como hoy, 4 de febrero de 1811, un grupo de militares y criollos de alto rango intentó encarcelar a la Junta de Gobierno de Cartagena de Indias que se había creado un año atrás, el 22 de mayo de 1810, y mandarla prisionera a Cádiz para luego restablecer el gobierno del rey a través del uso del regimiento de tropas veteranas apostadas en Cartagena.

En buena parte esta acción fue impedida por la decisiva intervención del ilustrado criollo mariscal de campo Antonio de Narváez, quien basándose en su prestigio como militar y sus poderes como comandante general de los ejércitos de la provincia obligó a los soldados a regresar a los cuarteles. Pero el hecho más trascendente de las jornadas del 4 de febrero de 1811 y de los días sucesivos fue la sublevación de los sectores populares. Una vez el rumor de las intenciones monárquicas se expandió por las calles, plazas, mercados y zaguanes, los negros y mulatos de Cartagena, pertrechados con toda clase de armas tomaron el control de la ciudad. Existen testimonios de la época que hablan de la manera en que los negros y mulatos fueron poniendo presos a distinguidos comerciantes de la ciudad y que incluso muchos de ellos saltaban por los patios ante la amenaza de la decisiva participación de los grupos marginados.

Más que una turba ignorante y sin destino como la historiografía conservadora ha pretendido ver a este grupo, la inmediata reacción de este sector ante los intentos de dar marcha atrás a los logros políticos que ya se habían obtenido, lo que revela es un claro conocimiento de la política del momento. Durante varios días armados de lanzas, sables, hachas y machetes, la ciudad se movió al ritmo de estos grupos y no descansaron hasta que los militares y comerciantes españoles fueron capturados y se ofrecieron las garantías de que la ciudad no corría el peligro de la implementación de un nuevo gobierno leal al rey. La captura y apresamiento de los militares y comerciantes españoles fue un acto totalmente coordinado por los sectores negros y mulatos, es decir un acto netamente popular. Unos meses más tarde estos mismos grupos darían nuevas muestras de su claridad política al presionar a una Junta de Gobierno timorata la firma del Acta de Independencia Absoluta de Cartagena el 11 de noviembre de 1811.

Muchos hechos del tenor del que les acabo de comentar ocurrieron en Cartagena de Indias durante el proceso independentista. Lastimosamente en un país con un centralismo exacerbado, cuyas montañas en ocasiones impiden visiones más amplias, varias de estas historias han sido opacadas por el culto a un florero de dudosa existencia y a un acontecimiento que nunca tuvo la trascendencia histórica para la nación como los ocurridos en Cartagena de Indias. La celebración del Bicentenario de la Independencia de Cartagena de Indias, a través de los diferentes eventos: académicos, lúdicos, festivos, gastronómicos, y de construcción de obras de infraestructura urbana, está comprometido con el rescate de este tipo de historias que fortalecen nuestra identidad como pueblo. El calendario de la conmemoración del Bicentenario que hoy se inicia con la celebración de este importante evento, estará en función todo el año de indagar por las raíces históricas de nuestro destino como pueblo, afianzar nuestra identidad y sentar las bases para construir un presente y un futuro más próspero, una sola Cartagena, como ha sido nuestro sueño y el de muchos cartageneros y cartageneras que hace 200 años dieron, incluso, la vida por ello.

Hace 100 años Cartagena de Indias celebró el centenario de la Independencia. Sumados al espíritu hispanófilo en boga, la élite intelectual construyó una memoria de bronce y piedra en la cual la gran mayoría de los cartageneros y cartageneras no se encontraban reflejados. Eran tiempos del culto a la genealogía de los llamados varones ilustres y algunos patricios locales, aficionados a la historia, se regodeaban en inventar genealogías para encontrar antepasados ilustres. Más que hacer un juicio sobre aquella conmemoración, nos interesa dejar claro que hoy nuestros intereses son otros. Cada época interroga al pasado pensando en su presente e incluso en su futuro, por fortuna nuestro presente reclama la construcción de una memoria más incluyente.

De modo que el Bicentenario es nuestro mejor pretexto para seguirle apostando, como hace ya algunos años le venimos apostando con la ayuda de los estudiosos de la ciudad, al desarrollo de una memoria histórica no de piedra y bronce, sino de carne y hueso. La conmemoración de los 200 años de vida independiente pondrá, sin ningún problema, en el mismo baúl de la memoria a José María García de Toledo, -miembro del patriciado criollo y representante de la ciudad ante las Cortes de Cádiz- junto a La Chita Miranda; a los hermanos Gutiérrez de Piñeres al lado de Kid Pambelé; a Pedro Romero junto al tuerto López; a José Manuel Rodríguez Torices frente a Petaca Rodríguez; a Daniel Lemaitre junto a Michi Sarmiento… porque tenemos claro que de lo se trata es que empecemos a entender de una vez por todas que la historia la construimos todos, sin excepción y que nuestra memoria histórica no es sólo un amasijo de apellidos compuestos, sino que ha sido construida por personajes de carne y hueso, como nosotros.

Como cartageneros y cartageneras se necesita tener el corazón blindado para que no se nos erice la piel cuando el Joe Arroyo, con su inconfundible voz nasal, nos presenta la canción la rebelión: “Voy a contarles mi hermano un pedacito de la historia negra… la historia nuestra caballero”. Con su música Joe Arroyo se ha encargado de pregonar  la importancia de la cultura popular; sus cantos se han convertido en la voz de las experiencias de muchos grupos marginados de la costa Caribe. Así nuestro Bicentenario debe ser un gran canto, un gran pregón incluyente como el que todas las mañanas expresan nuestros vendedores y vendedoras por las calles de la barriada cartagenera. Este es el tipo de memoria que nos interesa y por la que estamos hoy aquí en esta plaza que ha visto a través de la historia la movilización de miles de personas luchando por mejores condiciones de vida.

Nos sentimos orgullosos de la belleza de la piedra. Nuestras murallas, fuertes, baluartes y nuestros bellos caserones coloniales conservan parte de nuestra memoria y son patrimonio no sólo nuestro, sino también de toda la humanidad. Pero la piedra no tiene sentido sin el calor humano, por eso la conmemoración del Bicentenario es la mejor apuesta para fundar una nueva memoria, que nos recuerde ojalá para siempre que la historia la construimos todos. Así tal vez por fin encontremos la reconciliación en esta ciudad frente al mar Caribe, que este año celebra 200 años de vida independiente.

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